Te enamoras tanto de tu soledad que ya no buscas a cualquiera para llenarla. Aprendes a disfrutar tu propia compañía y entiendes que, para dejar entrar a alguien, su presencia tiene que sentirse mejor que tu paz.
Weee, neta aprendan a estar solos. Dejen de sentir que necesitan depender emocionalmente de alguien. Cuando aprendan a disfrutar su propia compañía, su próxima pareja no será su felicidad, será alguien con quien compartir la felicidad que ustedes ya fueron construyendo.
Llega una edad en la que ya no respondes indirectas, te alejas de la gente negativa, dejas de preocuparte por tener muchos amigos y entiendes que tu tiempo no es para cualquiera. Simplemente eliges estar en paz, disfrutar la vida y rodearte de personas que realmente suman.
Si la crítica viene de alguien que durmió en mi casa, comió en mi mesa, recibió mi apoyo y disfrutó de lo que yo compartía, entonces sus palabras hablan más de esa persona que de mí.
Vas a tener que aprender a sanar sin escuchar el “perdón” que tanto esperabas. No porque no lo merezcas, sino porque hay personas que jamás tendrán el valor de reconocer lo que hicieron.
Se nota muchísimo cuando alguien quiere tenerte en su vida y cuando le da igual. Llega un punto en el que entiendes que no vale la pena quedarte donde tu presencia es indiferente. Ya fue suficiente tiempo sintiendo que no te valoraban. Y aunque tomar distancia no siempre sea fácil, a veces también es necesario.