- Yo vine a terminar con la corrupción.
- Yo a cobrar poco y dar mucho.
- Yo vine a terminar con la casta.
Y tenemos un amigo feminista, pero no ha podido venir.
Difundir información falsa, ya sea inventada o procedente de fuentes mal informadas, es simplemente mal periodismo. Y de eso ya hay bastante. Especialmente cuando se trata de informaciones que generan expectativas en los aficionados, estaría bien acertar al menos de vez en cuando…
Café con tu amiga la socialista.
Entre sorbo y sorbo, se queja:
—Me mudo de piso. He pedido presupuesto a empresas de mudanzas y son unos ladrones. ¡700€!
Hace una pausa, triunfal:
—He hablado con el conserje. Me manda a dos chicos sin papeles que hacen chapuzas.
—¿Y cuánto les vas a pagar? —pregunto.
—Unos 100€ a cada uno. Me sale tirado. Y oye, les hago un favor, esa gente necesita el dinero desesperadamente.
La miro a los ojos.
—O sea: se te llena la boca sobre derechos laborales y convenios, pero cuando te toca pagar… contratas en B, por debajo del salario mínimo, a gente vulnerable para ahorrarte dinero.
Se le tensa la mandíbula.
—¡No es lo mismo! Yo no soy una multinacional explotadora. Soy una ciudadana de a pie. El sistema está roto, no es mi culpa.
—No eres Amazon, no.
Pero en cuanto te tocan el bolsillo, te comportas igual que lo que dices odiar.
Tu solidaridad termina justo donde empieza tu cuenta bancaria.
Se levanta, ofendida:
—Eres una facha. No entiendes nada.
Se va antes de que llegue la cuenta. La pago yo.
Por la tarde, sube una foto a Instagram:
selfie con cajas, texto sobre la gentrificación y “las injusticias del mercado”.
La superioridad moral es el deporte favorito de quienes nunca pagan el precio de sus ideales.
Defender a los oprimidos con el dinero de los demás es barato.
La verdadera ética no se ve en una pancarta ni en un tuit,
se ve en cuánto pagas a quien está por debajo de ti cuando nadie te aplaude.
Cuando les enseñas el espejo, no corrigen su incoherencia:
te atacan a ti.
Porque no les duele la injusticia,
les duele dejar de verse como salvadores.
This has been weighing heavily on me, and I can’t stay quiet about it any longer.
I am 71 years old. I’ve been fortunate enough to attend five World Cups, starting in 1986. Those tournaments weren’t just events to me, they were life chapters. They were about connection, about culture, about standing shoulder to shoulder with people from every corner of the world, united by the game we love.
But what I’m seeing now breaks my heart.
The current dynamic pricing strategy for the upcoming World Cup feels completely detached from the very soul of football. Yes, this tournament is being played mostly in the United States, and yes, it’s a premium market. But football was never meant to be a luxury product reserved for the highest bidder. It belongs to the people. Always has. I looked back fondly at USA 94 and everything we did then to fill stadiums and bring the game to life for Americans who were just dipping their toes into the water of the beautiful game.
Right now, it feels like the average, passionate supporter, the ones who save for years, who travel across continents, who bring the color, the noise, the spirit, are being pushed out. Replaced by a model that prioritizes revenue over reality.
That’s a dangerous road because once you lose the authentic fan, you lose the essence of what makes the World Cup special.
I say this not just as a fan, but as someone who has spent a lifetime in and around the game. During my time at EA SPORTS, we stood shoulder to shoulder with FIFA when they needed it most. Our game kept millions of fans connected to football and to the World Cup when trust in the organization was at its lowest. We helped carry the flame.
Which is why this moment feels even more disappointing.
This may well be one of the last World Cups I have the chance to attend and I find myself wondering if the game I’ve loved all my life is slowly drifting away from people like me, and far more importantly, from the next generation who deserve to feel what I felt in 1986.
The World Cup should unite the world. Not divide it by price.
Football deserves better. And so do the fans. Come on @FIFAcom , sort this out… It’s not too late.
Colombia goleaba a Argentina y Simeone se descargó con un codazo contra el Tren Valencia. “No lo vaya a echar. No lo vaya a sacar del partido porque después dicen que les ganamos porque tenían diez hombres”, le pidió 🇨🇴 Barrabás Gómez a 🇺🇾 Ernesto Filippi. El árbitro no dudó: “No lo echo, pero háganle otro gol a esos hijos de puta”. Está contado en el libro "El 5-0", del periodista @msilvaazul.
La misma semana en que aparece Barbacid pidiendo 30 millones para curar el cáncer de páncreas, el gobierno renueva a Broncano por 30 millones. Esto ya es insoportable.
Como antiguo simpatizante de la izquierda, quiero decir algo claro: no hay nada peor que ir por la vida con una supuesta superioridad moral, creyéndose más ético, más inteligente y más justo, para acabar demostrando justo lo contrario. La izquierda actual se ha convertido en aquello que decía combatir: intolerante, dogmática y profundamente incoherente.
Habéis sustituido el pensamiento crítico por una serie de dogmas incuestionables. No se puede debatir nada. Premisas cerradas: toda inmigración ilegal es buena por definición; una mujer, por decreto ideológico, siempre dice la verdad y el culpable es siempre el hombre; los problemas económicos nunca son culpa de una mala gestión política, sino siempre de “los ricos”; la okupación no existe o está justificada; las fuerzas de seguridad son sistemáticamente racistas; toda la derecha es franquista; toda la derecha es rica y egoísta. Y si alguien discrepa mínimamente, automáticamente es etiquetado como ignorante, facha o algo peor.
¿De verdad no veis el problema? ¿De verdad creéis que eso es pluralidad, progreso o democracia? Discrepar no debería ser un delito moral. Pensar distinto no convierte a nadie en un enemigo.
Y hay una contradicción aún más profunda: hace casi cien años, en 1936, se justificó la quema de iglesias en nombre de la liberación frente a la opresión religiosa. Hoy, esa misma izquierda pretende normalizar que Europa se adapte y se someta culturalmente a otras religiones igual o más dogmáticas, sin posibilidad de crítica, bajo la excusa de la tolerancia. ¿Dónde quedó la coherencia? ¿Dónde quedó el laicismo? ¿Dónde quedó la defensa de valores universales frente a cualquier fanatismo?
Sinceramente, prefiero una derecha que al menos no oculta lo que es, antes que una izquierda que se presenta como moralmente superior mientras actúa con hipocresía, censura y desprecio hacia cualquiera que no repita su discurso.
No quiero imitaciones peores del mal que decíais combatir. Al menos, que cada uno sea honesto con lo que representa.
Confirmado la Moncloa
El mensaje conocido hoy sobre el accidente de Adamuz “todos murieron en el acto” no es casual.
Sirve para cerrar el debate sobre tiempos, atención y respuesta al Alvia. Pero las autopsias no miden segundos ni minutos: certifican causas, no cronómetros. Es imposible que todos murieran en el acto.
Decir eso no es información, es blindaje, es desinformación. Es una vergüenza propia de criminales. Quién lo sugiere, quién lo dice y quién lo acepta.
Dos maquinistas fallecidos en los accidentes de Adamuz y Gelida.
¿Pepe Álvarez y Unai Sordo denunciarán la falta de inversión en mantenimiento?
¿A qué hora son las manifestaciones de UGT y CCOO? ¿Apoyan la huelga de SEMAF?
Están al servicio de Moncloa, no de los trabajadores.
¿Sabéis por qué vemos pocas dimisiones dignas en altos cargos aquí? Porque, en un país económicamente poco estable para la población como España, tener un alto cargo es un premio. Un premio recibido, como los reyes, por la gracia de Dios. Y eso está por encima de su dignidad.
Se llama teoría del péndulo y hace años que hablé de ella , está basada en la 3a ley de newton todo movimiento genera uno opuesto de igual intensidad.
Los progres habéis estado sobregirados la última década , ahora os viene lo mismo pero del otro lado .