La tristeza que hay detrás de esta foto no tiene nombre. Estábamos dando un taller en una escuela rural de Pueblo Rico, en el precioso Suroeste Antioqueño, cuando uno de los chicos me dijo: -¿Profe, ve ese punto blanco allá en la mitad de la montaña?, allá fue que el ejército masacró 6 niños en el 2000-. Quedé frío, porque conocía la historia pero no el lugar. La montaña se llama Nochebuena.
Pues el 15 de agosto del año 2000, hace 25 años exactos, un grupo de 48 niños iba de caminata escolar por las preciosas montañas cafeteras de Pueblo Rico, cuando de repente y sin ningún tipo de incidente previo, un batallón del ejército abrió fuego contra el grupo. Pero fuego indiscriminado y salvaje. Media hora duraron disparando contra medio centenar de niñas y niños sin recibir un solo balazo de respuesta... Y no pararon hasta que dejaron 6 niños asesinados y otros más tirados malheridos en la mitad de la montaña, junto a los adultos que los acompañaban. Luego de cometer tan lamentable masacre, los mismos militares dificultaron el acceso de la ayuda e inventaron que los niños fueron usados por el ELN como escudo. Media hora disparando sin recibir un solo disparo a cambio. Hasta granadas les lanzaron.
Durante los meses siguientes a la masacre, el ejército se tomó el territorio para presionar a las familias para que recibieran una indemnización como de 24 millones de pesos para que firmarán la reparación y ya. Ni los dejaron pasar por el duelo. Lo peor es que en las entidades del Estado se sumaron a la impunidad dejando que el ejército negociará casi directamente con las familias.
Desde entonces, el caso ha tenido todo tipo de enredos jurídicos pero de justicia nada. A unos de esos soldados los expulsaron del ejército, a otros los condenaron pero luego quedaron en libertad gracias a la justicia penal militar. Sé que como en en el 2019 o el 2020… 20 años después, el caso entró a la JEP y no sé en qué irá. No sé si ya pidieron perdón y alguien este pagando como debe ser por este tristísimo episodio de esta guerra hirroble que ha atravesado nuestra historia.
Lo que sí sé es que no hubo cámara ardiente, no hubo un justo acompañamiento del Estado, no estuvieron del lado de las víctimas los grandes políticos y los poderosos. No hubo nada más que revictimización e injusticia. No todos los muertos valen lo mismo. Pero por eso escribo hoy está historia, para honrar la vida de esos 6 niños, víctimas del Estado y de este conflicto interminable que estamos condenados a repetir. Por la memoria de esos niños... Porque nunca debieron morir asesinados en el cerro de Nochebuena. Porque hay Migueles, Vickys, Marías, Alvaros y hasta Palomas que insisten en que la persecución armada es el camino hacia la paz. Y no...
El miedo al abandono es una de las razones más potentes (y más silenciosas) por las que muchas personas se quedan enganchadas a vínculos que ya saben que no les hacen bien. No se quedan porque aún amen, ni porque haya algo real que construir.