La última vez que el Doctor Krapula habló de Santurbán en su cuenta de X fue en el año 2020.
Durante el gobierno Petro no dijo nada.
Cuando los gestores de paz de Petro llenaban el páramo de minería ilegal, Dr. Krapula estaba enchufado y congelado.
Falso ambientalista.
12 COSAS QUE NO ENTIENDEN LOS ZURDOS
1. No tienes derecho a una casa. Tienes derecho a construir o comprar libremente una casa
2. No tienes derecho a un trabajo. Tienes derecho a buscar trabajo, ofrecer tu trabajo y contratar libremente.
3. No tienes derecho a un salario determinado. Tienes derecho a negociar libremente el precio de tu trabajo.
4. No tienes derecho a la riqueza. Tienes derecho a crear, intercambiar, ahorrar e invertir libremente para alcanzarla.
5. No tienes derecho a una empresa. Tienes derecho a emprender y crear una empresa en total libertad.
6. No tienes derecho a que alguien financie a la fuerza tu negocio. Tienes derecho a buscar libremente capital y convencer a otros de invertir voluntariamente.
7. No tienes derecho a comida gratuita. Tienes derecho a producirla, comprarla, intercambiarla o recibirla voluntariamente y en libertad.
8. No tienes derecho a tener lo mismo que los demás. Tienes derecho a que no se te impida disponer de lo que legítimamente produces o adquieres.
9. No tienes derecho a que el Estado te garantice un determinado nivel de vida. Tienes derecho a vivir bajo leyes que protejan tu vida, libertad y propiedad, nada más.
10. No tienes derecho a que alguien te dé dinero. Tienes derecho a ganarlo mediante intercambios voluntarios.
11. No tienes derecho a que el mercado te compre lo que produces. Tienes derecho a ofrecer tus productos libremente y competir por compradores.
12. No tienes derecho a que nadie te ofenda ni critique. Tienes derecho a expresar tus ideas y la obligación de permitir que los demás expresen sus ideas.
Los hipócritas preocupados por la eventual salida de Colombia de la Corte Penal Internacional.
Recuerdo cuando, siendo estudiante de Derecho, en pleno gobierno de Uribe, estudie la voluminosa Sentencia C-578 de 2002 de la Corte Constitucional, que declaró exequible la Ley 742 de 2002, por medio de la cual se aprueba el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional e incorpora a Colombia a su competencia.
La leí por días, por lo larga, pero con mucha esperanza. La firma de ese tratado implicaba que, en Colombia, los violadores de derechos humanos y del derecho internacional humanitario ya no podrían volver a ser indultados. Por tanto, creía con mucha ingenuidad que la impunidad de los mayores criminales —que para mí ha sido una de las principales fuentes de nuestra violencia— encontraba, por fin, un límite.
Pues si Colombia garantizara, a través de un “acuerdo de paz”, que quienes habían masacrado o torturado no pasaran un solo día en la cárcel, de todas formas tendrían que enfrentarse a una justicia internacional con cero tolerancia a la impunidad.
Conscientes de esa realidad, los mayores opositores a la firma del Estatuto fueron precisamente quienes siempre han defendido y promovido que el Estado de derecho se genuflexe ante los violentos. Los sospechosos de siempre: colectivos de abogados , supuestos defensores de Derechos Humanos etc, que sentenciaban que con ese acuerdo se hería de muerte a "la paz".
Ese fue precisamente uno de los principales obstáculos jurídicos del proceso de paz con las FARC: el Estatuto impedía los indultos y no permitía pretender que no enfrentaran una condena de privación de la libertad, ni siquiera en el marco de un acuerdo de desmovilización.
Pero el astuto gobierno de Santos encontró una vuelta de tuerca para neutralizar la competencia de la CPI: la mal llamada “justicia transicional”.
Me cuento entre quienes consideramos que el discurso de la verdad, la justicia y la reparación no es más que una excusa. La realidad es que la JEP constituye una estrategia para garantizar impunidad, disfrazada de sanciones puramente simbólicas. Creada sólo para evitar que la CPI pueda juzgar a los integrantes de las FARC. Pues formalmente fueron condenados, así la sanción por los peores delitos sea tan irrisoria como dar unas charlas.
Hoy en día, en Colombia, resulta más reprochable ocultar información tributaria que secuestrar, masacrar o reclutar niños. Basta con reconocer los delitos para obtener la "get out of jail free card".
En este contexto resulta, cuando menos, hipócrita la preocupación por una eventual salida de la CPI, o afirmar que ahora los criminales del conflicto gozarán de impunidad. La verdad es que ya lo hacen.
Se puede ser ambiguo en el plano moral, pero las contradicciones lógicas en este punto son inaceptables: no se puede defender la JEP y, al mismo tiempo, alarmarse por la eventual denuncia del Estatuto de Roma, porque en la práctica la JEP fue creada precisamente para que aquí no operara la Corte Penal Internacional.
Dicho lo anterior, a pesar de que hoy en día su efecto sea en gran medida simbólico, no creo que el gobierno pueda denunciar el tratado, pues ya está incorporado de forma directa en la Constitución.
@jhirsleith@Santiag95580852@BluRadioCo Y por eso en las empresas a veces hay tanto malestar interno. En las FFMM el respeto por la antigüedad ayuda a preservar la dinámica sana en la cadena de mando. Cuando Petro nombró ministro a Sánchez, varios generales pidieron la baja por eso.
El Gobierno de Petro se preocupo más por Palestina:
Teniendo un Africa en el Choco, un Palestina en el Cauca y un siria en el Catatumbo y un Etiopía en la Guajira; no se dejen de los zurdos a esa gente hay que destruirla con datos no con relatos y símbolos chimbos.
¿Por qué a Petro le incomodaba tanto un general que advertía el control territorial y la carnetización en plena época electoral?
El presidente Abelardo de la Espriella responde nombrándolo Comandante General de las Fuerzas Militares.
Se acabó el recreo para los que querían a la Fuerza Pública maniatada.
¡Éxitos general Erick Rodríguez!
Atención, estimados señores de la Policía:
La próxima vez que un amable ciudadano les salte por la espalda con un cuchillo de cocina con pretensiones de guillotina y se dedique, con admirable dedicación profesional, a intentar separarles la cabeza del resto del cuerpo…
¡Paren todo!
Antes de hacer algo tan vulgar e irreflexivo como defenderse, levanten la mano con educación, sonrían con la mayor cortesía institucional posible y pregunten:
—Disculpe, ¿quién es usted?
—¿Podría explicarme, por favor, los motivos ideológicos, sociales o personales que le impulsan a querer decapitarme?
¡Qué hermoso sería el mundo si todos los ataques con arma blanca empezaran con una ronda de presentaciones formales!