León dice que lleva 25 años trabajando para Letras Libres, pero ni siquiera lo puso en su LinkedIn… Lo más gracioso, quizás, es que don papi liberal nombra a su hijo en nombre de “la pluralidad y la democracia”. Seguramente no entendemos esta elevada muestra de nepotismo ilustrado. ¿Será este el momento más bajo de la revista en 200 años?
La reaparición del sociópata Guillermo Ortíz,
hace que recordemos el BRUTAL DESASTRE que provocó la era Neoliberal en México
Sus principales ejecutores: los secretarios de @Hacienda_Mexico del periodo 1982-2018,
la mayoría de ellos egresados del @ITAM_mx
Hicieron muchísimo daño al país, al Pueblo: condenaron a millones de personas a la pobreza absoluta, a la desigualdad, a salarios de ignominia y al olvido total por parte de las instituciones del Estado mexicano
Su legado debe ser recordado siempre:
más de 50 millones de pobres, destrucción total del aparato productivo nacional, saqueo indiscriminado, el fracaso estructural de un modelo de desigualdad con enriquecimiento infame de las élites y destrucción total del Estado de Bienestar, un delirio tecnocrático que odiaba profundamente a México y lo dejó postrado y en ruinas
Sus nombres:
⚫️@JoseAMeadeK
⚫️@ErnestoCordero
⚫️José Antonio González
⚫️@A_Gurria
⚫️Pedro Aspe
⚫️Guillermo Ortíz
⚫️@LVidegaray
⚫️Agustín Carstnens
⚫️Jaime Serra Puche
⚫️Francisco Gil Díaz
⚫️Gustavo Petriccioli
Qué estupidez es recordar los temblores de manera tan violenta. “Alerta presidencial”. Y todo el mundo con un nudo en el estómago recordando que si las cosas están mal, podrían estar peor. Porque, damas y caballeros, recuerden: aquí tiembla.
Es falsa la idea que tenemos de un país brotado heroicamente, de la nada, un 16 de septiembre de 1810, con la rebelión fracasada de un cura iluminado, luego arrepentido, llamado Miguel Hidalgo.
Esa fecha elegida diluye, niega, los siglos previos de nuestra cocción nacional.
Terrible futuro nos acecha desde las trincheras de la derecha y de la extrema derecha mundiales.
Hay que decir sólo que, cuando esa terrible derecha llegue a apoderarse de nuestra soberanía y de nuestra democracia, encontrará el camino bien arado.
EL NACIONAL
Un compa, que vino a estas redes, me hizo recordar aquella época hermosa cuando trabajé como aprendiz de Reportero en El Nacional
Era yo un chamaquillo: empezaban mis 20, con muchos sueños e ilusiones en el Periodismo.
Aunque era el periódico del Gobierno, aprendí mucho, porque había reporteros con mucho oficio y eran generosos conmigo. Aprendí el oficio.
Pero en El Naci, sobre todo, conocí el lado más miserable y ruin de nuestro gremio. Les voy a contar:
Llegué ahí en 1994 o 95, ya no me acuerdo, a pedir una oportunidad.
Me abrieron la puerta, con la condición de trabajar sin cobrar: como no tenía palancas, no conocía a nadie en el Periodismo y estaba todavía en la Universidad, con muchas ganas dije sí. Feliz.
Durante un año entero trabajé seis días a la semana, a veces siete, como Reportero de temas urbanos. Cubrí muchas fuentes, hice muchas entrevistas, reportajes, de todo.
Justo al año, comenzó el rumor de que la directora, Enriqueta Cabrera, abriría plazas para contratar a muchos nuevos talentos que andábamos por ahí en la redacción.
Consulté con quien era mi Jefa, se llamaba Gabriela Ortega, y me dijo: "todavía no hay nada, mi chavo... pero tú vete unos días de vacaciones, para que ya descanses".
Lo hice. Me fui a la playa, muy ilusionado porque, a lo mejor, al regresar ya tendría mi primera chamba pagada en el Periodismo. Ya sería todo un Reportero con contrato.
Me pasé cinco días en el mar. El sabor a sal llegó después.
Cuando regresé, me enteré de que todos los chavos que habían entrado conmigo, un año atrás, habían sido contratados. Me sentí muy feliz, porque estaba seguro de que a mí también me habían dado plaza.
Cuando fui a ver a la Jefa, encontré aquel rostro, sin mirarme apenas, aquella voz de sentencia, aquella expresión infame, que no olvidaré nunca en mi vida:
"¡Uy, nooooo, mi chavo... las plazas ya se entregaron pero tú no estabas... preferiste irte de vacaciones!"
Tenía 22 años. Era un chavito soñando con ser reportero. Tenía ilusiones.
- ¡Pero tú me dijiste que me fuera, Gaby!
- Ni modo, mi chavo... así son las cosas.
Así. Les juro que hoy lo recuerdo y aún se me enciende el alma.
Busqué a la Directora. Fue en vano. "Son decisiones tomadas", recuerdo que me dijo.
Lo siguiente, en la oficina de Gabriela, fue aún peor: "ya no puedes estar aquí, por favor recoge tus cosas"
¿Por qué hicieron eso? Porque podían.
Llegué a mi casa muy triste. Recuerdo que todo el camino aquel, desde el Metro Hidalgo hasta el Metro Refinería, donde vivía entonces, me fui llorando.
Mi mamá, que me daba dinero cada semana para mis gastos, incluso para hacer coberturas, se enojó mucho cuando le conté. Híjole:
-Si te dejas de esa gente, yo te voy a romper la madre, por pendejo- recuerdo que me dijo amorosamente. Me abrazó. Lloré en su regazo.
Al día siguiente busqué un abogado. Demandé a El Nacional, a Enriqueta y a Gabriela, quienes todavía amenazaron con vetar mi nombre de todos los Medios si insistía en la querella. Me valió gorro. Era orden materna y a nadie en esta vida se obedece más que a la Jefecita de uno.
El tiempo hizo lo suyo.
Después de varios años de pleito laboral y autoral, (porque junto con el laudo laboral, se reconoció como mío el seudónimo Luis Guillermo Hernández, que me puse en honor a mi madre) al fin logré ganarles, en noviembre de 1999, cuando el periódico ya había desaparecido.
Yo ya trabajaba para Reforma. Mi carrera ya había despegado hacia donde mis sueños la dirigían.
El dinero que les gané sirvió para amueblar mi nueva casa, comprarme mi primer coche y pagar deudas.
A Gabriela y a Enriqueta, quien murió hace poco tiempo, jamás las volví a ver.
Sólo me crucé con ellas muchos años después, cuando revelé que, de manera irregular, se habían autoasignado sueldos mayores que los del Presidente de México, mal dirigiendo el Canal Once, de donde salieron un par de meses después de publicado mi reportaje.
No fue venganza. Lo juro. Fue sólo una revancha que me regaló el destino.
Lo recuerdo con el sabor agridulce de mi primer tropiezo. Así era el Periodismo mexicano de entonces. Así sigue siendo en muchos niveles, lamentablemente.
Yo, aunque ya soy un veterano, en el fondo sigo siendo el mismo de entonces: sigo teniendo sueños y los persigo... y peleo, peleo mucho contra las injusticias y la gente ruin, como me ordenó mi Jefecita.
Escribo esto sabiendo que la gran mayoría de mis colegas, a quienes va dirigido este mensaje, me tiene bloqueado, vetado y excluido de sus parnasos desde que me volví chairo... pero con el genuino deseo de que no terminen ahogándose https://t.co/92kf3J3m95
Proceso, La Jornada, Vuelta, Radio Red, y muchos otros medios que lucharon por la democracia en tiempos del PRI, estarían censurados por el régimen actual, que ya no esconde su vocación totalitaria. Destruida la República, sólo les queda ahogar la libertad. No lo permitamos.
La postura de @IvanCepedaCast en Colombia ya lo vivimos en México con @c_cardenas_s en 1988. El desastre que sobrevino los mexicanos no lo hemos olvidado.
Hay lugares de los que uno se va; a México, se vuelve. Ahí está la paradoja: quienes vienen a advertirnos de lo peligroso que es no se cansan de regresar —a conferenciar, a aplaudirse y a disfrutar de la belleza de nuestra tierra.
La soberanía de México es una continuidad de siglos: más de sesenta lenguas vivas la sostienen, y su raíz es más antigua que cualquier conquista. La libertad que tanto invocan, además, no le pertenece a ninguna corriente: es universal. Es también elegir sobre el propio cuerpo y amar a quien se quiera.
Por eso la soberanía de México no está a debate: descansa sobre una identidad que ni cinco siglos lograron borrar. Sigue, sencillamente, en pie. La puerta queda abierta —como siempre—, entre pueblos hermanos y entre iguales.