Caminar sin podcast. Comer sin teléfono. Esperar el café sin scrollear. Ahí es donde aparecen las únicas ideas que después vas a reconocer como tuyas. Aburrirse a propósito es de los actos creativos más raros que quedan.
Úbeda ya es historia. Heredó el cargo y luego recibió un regalo de navidad por parte de Riquelme. En estos 8 meses hizo lo que pudo y no alcanzó. Se va con dos superclásicos ganados y varias frustraciones importantes. Eso sí, tras el rotundo fracaso de ayer, debió haber presentado la renuncia en la conferencia de prensa, pero en Boca hace rato que nadie tiene un gesto de grandeza o respeto por la institución.
En esa línea está Cavani, que representa todo lo que está mal en Boca en cuanto a lo que uno espera de un jugador. El uruguayo, que vino uno o dos años tarde y percibe un contrato millonario, se la pasó más afuera que adentro y nos dejó más bloopers que goles, como los de Alianza Lima o Fluminense. Es el anti-líder. El primero que debería irse del club.
Herrera tampoco puede seguir en Boca. Las limitaciones físicas están a la vista y ayer quedaron de manifiesto en los tristes 45 minutos que jugó ante la UC. Es lindo escucharlo hablar del club, pero necesitamos jugadores aptos para la alta competencia y las exigencias que tiene esta camiseta.
La elección de un buen DT es fundamental para empezar a enderezar el barco. Caso contrario, volveremos a chocar con la realidad en breve y seguiremos fallando en finales ficticias que simplemente alargan la agonía. Boca necesita un entrenador capaz, con experiencia y carácter, que le de una identidad al equipo.
Entre papelón y papelón nos fuimos alejando de nuestros valores históricos, perdiendo mística y asumiendo con dolor que La Bombonera dejó de ser un estadio casi inexpugnable para los rivales. Boca perdió el alma y ese es el gran fracaso de Riquelme, al que le quedan 18 meses de gestión. Una bala. Una oportunidad.
Cómo me gusta cuando alguien caza un gesto de uno que hasta el momento era desconocido, cierta manera de asentir, de mirar en una conversación, de decir una palabra. Un detalle típico de uno pero casi imperceptible que a partir de ahora pasa a ser perceptible
Argentina es indios, gauchos e inmigrantes. Asado, empanadas, mate y fútbol. Folclore, tango, mesas de política, café, vermú y cancha. De la Virgen de Luján y del Papa Francisco. Ni judía, ni evangelista. Y nuestra bandera es solo la celeste y blanca.
Existen personas con “mucha suerte”.
Y luego las observas mejor y resulta que:
tienden a hablar con desconocidos, optan por probar alternativas y se muestran activos y ofrecidos a la vida.
Y la cosa es que su supuesta suerte no es magia, es estar más en la vida que en la cabeza.
El consejo de Ilia Topuria a Edu Aguirre sobre la mentalidad que debe adoptar una hora antes de su combate:
“En esos momentos la mente tiende a viajar al futuro y a ponerte en situaciones que te hacen sentir mucho miedo. Lo que tienes que hacer es no permitirte viajar al futuro. El desafío va a llegar en los 15 minutos que estes encima del ring, mientras tanto es un día normal. No te permitas viajar al futuro para no desgastarte mentalmente, porque el otro seguramente cometa ese error, se coma la cabeza por dentro, viaje en el tiempo, y va a entrar súper tenso, porque habrá vivido la pelea 5 veces antes de salir.“
Me enloquece esta foto. Es un tipo que acaba de cumplir uno de sus sueños: ganarle a River de visitante con el club de sus amores. Boca, a miles de kilómetros, le atravesó la vida a Ander Herrera.
la vida es una sucesión de cosas de las que te tenés que recuperar mientras hacés malabares para que no se te derrumbe el resto de las cosas y así sucesivamente
Una de mis frases favoritas de Fahrenheit 451. Pasa desapercibida en el libro, pero es de las más cálidas:
"Cuando muere, todo el mundo debe dejar algo detrás, decía mi abuelo. Un hijo, un libro, un cuadro, una casa, una pared levantada o un par de zapatos. O un jardín plantado. Algo que tu mano tocará de un modo especial, de modo que tu alma tenga algún sitio a donde ir cuando tú mueras, y cuando la gente mire ese árbol, o esa flor, que tú plantaste, tú estarás allí.
«No importa lo que hagas —decía—, en tanto que cambies algo respecto a como era antes de tocarlo, convirtiéndolo en
algo que sea como tú después de que separes de ello tus manos. La diferencia entre el hombre que se limita a cortar el césped y un auténtico jardinero está en el tacto. El cortador de césped igual podría no haber estado allí, el jardinero estará allí para siempre.»"