Uno puede decir “mi tierra”, “mi país”, “el país de donde vengo”, “de donde soy”, o “la tierra de uno”, como en la linda canción de Maria Elena Walsh.
Pero “patria” es una palabra de brutos.
Viejas, gordas, feas, putas, inmorales.
Qué problema tan jodido el que tienen las sociedades humanas con el cuerpo de las mujeres. No es para menos. Un organismo capaz de parir y abortar mundos es dueño de un poder insoportable.
En una entrevista con La Silla Vacía dije que tenía muchos amigos mamertos y fue un escándalo porque también estoy casada con uno. Es la prueba de que se puede querer a quien piensa distinto. Porque cuando lo hacemos, empieza la paz y termina la polarización que tanto daño le hace al país.
También tendríamos que fijarnos en cuáles mujeres (sufrientes, muchas veces con cirugías estéticas, alcoholizadas) se convierten en “iconos pop” de lo queer. Qué curioso. Se diría que hay ahí una fantasía de destrucción de la mujer, un vampirismo.