No han pasado 24 horas desde los dos terremotos devastadores en Venezuela, y hoy las “mamás responsables” del grupo de grado de mi hijo pidieron $7 para la fiesta de fin de año porque “ellos merecen celebrar”.
También merecen saber de solidaridad, respeto, amor y dolor por lo que estamos pasando, ya que esos terremotos nos afectaron a todos los venezolanos: los que estamos aquí y los que están afuera.
Se escandalizaron seguramente cuando Maduro y Cilia bailaron sobre la sangre de los estudiantes asesinados, pero ellas quieren armar fiesta mientras ni siquiera sabemos la cifra exacta de fallecidos y se siguen sumando casos a los más de 21 mil reportes de desaparecidos.
Supongo que no tienen vida social y sus únicas salidas dependen de un grupo de colegio.
De verdad que hay gente patética.
En este momento, hemos ofrecido ayuda al Gobierno de Venezuela a través de nuestra Cancillería.
300 rescatistas y paramédicos, junto con 50 toneladas de equipo, medicamentos e insumos de primera necesidad, están listos para partir hacia Caracas 🇸🇻🇻🇪
A todos los que intentan contactar a su familia en Venezuela: por favor, gente con señal y luz, avisen cómo está su zona y su gente. Es muy angustiante para los que estamos afuera no tener noticias de nuestros familiares.
Puedes dejar tu zona aquí:
#terremoto#sismo#Venezuela
Cuando alquilé mi piso,
dejé el wifi instalado a mi nombre.
No estaba en el contrato.
No lo cobro aparte.
Simplemente lo necesito para la alarma y la domótica.
Le di la clave el primer día por pura cortesía.
Hasta que me llama el inquilino.
—Oye, el wifi va muy lento.
No es la primera vez.
Quiero que me descuentes la parte del wifi del alquiler.
Le recuerdo lo que ya le dije al entrar:
—El wifi no está incluido en el precio.
Lo tienes como cortesía, no te lo estoy cobrando.
Suspira.
—Ya, pero yo teletrabajo y me perjudica.
Si me ofreces un piso con wifi y no va bien,
me lo tienes que compensar.
Entonces te das cuenta.
No es una cuestión de megas ni de fibra óptica.
Es la absoluta incapacidad de hacerse cargo de la propia vida.
Quieres que te arreglen la bombilla,
que te cambien el router,
que te solucionen el wifi,
que te pinten la pared
y, si puede ser, que te pidan perdón por cobrarte.
Si tu trabajo depende de una buena conexión,
te instalas la fibra que te dé la gana.
La pagas tú.
Inviertes en lo tuyo.
Esa misma actitud de exigencia crónica
es la que aplican a todo.
Por eso viven con el agua al cuello:
Esperando que el jefe, el gobierno o el dueño del piso les resuelvan la papeleta
mientras ellos no asumen ni el coste de su propio router.
El problema no es que la conexión vaya lenta.
El problema es que van por la vida
con mentalidad de mendigo
exigiendo trato de rey.
They gaslighting my girl Salina NO SHADE!!! She has every reason to crash out 🤷🏽♂️ these girls played in her face so fiercely #DragRace#AllStars11 https://t.co/cIam3xovOk
@Marcela252016 Por eso siempre hay que contestar en esas encuestas que uno es supremamente feliz en esa gran familia que es la empresa, y que está dispuesto a ponerse la 10 y a dar el 110% para recorrer la milla extra.
Quiero poder vivir de mi profesión, que mi sueldo no se esfume en el alquiler, que consumir y tener servicios no sea una lucha constante, que si tengo una intervención de salud no se me destartale la economía. Nadie pide viajes a Europa, es realmente lo mínimo.
Yo en mis 20 durmiendo en casa de un amigo: «No te preocupes por no tener una cama de invitados, dormiré con mi ropa en el suelo de la cocina o en la bañera o doblado en un armario o en el gran arbusto fuera de tu puerta principal o en un contenedor»
Yo en mis 40: «Gracias por la oferta de una cama de invitados, pero prefiero conducir tres horas de vuelta a mi cama»