💔🇻🇪 UN MENSAJE QUE ROMPE EL ALMA.
A un mes del trágico terremoto en Venezuela, el futbolista argentino Lucas Trejo compartió una desgarradora carta dedicada a su esposa Yanina y a sus hijos, Aarón y Ainhoa, quienes fallecieron bajo los escombros de su hogar.
“Me tocó vivir el peor momento de mi vida. Tuve que buscar a mi esposa y a mis dos hijos entre los escombros, aferrándome a la fe y esperando un milagro. Nunca imaginé atravesar un dolor tan grande.”
Pese a la pérdida, aseguró que continuará el propósito que comenzó junto a su familia:
“La vida de ellos no será en vano. Lo que empezamos juntos en Venezuela continuará, porque el propósito de Dios en esa nación se va a cumplir.”
Un testimonio de dolor, fe y fortaleza que ha conmovido a miles de personas ❤️🕊️
Orsi es humilde, aunque se compre un auto de USD 75.000. Pero si vos comprás uno de USD 30.000, sos un millonario al que hay que cobrarle más impuestos.
Hay humildades y humildades.
Lo malo de expandir la Copa del Mundo a 48 participantes es que te encuentras a selecciones como Alemania o Países Bajos, que te bajan el nivel del torneo.
Si Federico Valverde se enojó por el cambio y salió puteando a Marcelo Bielsa, es recontra estúpido.
Jugó TODA LA PUTA COPA ESCONDIDO. LE PESÓ UNA BARBARIDAD LA CAMISETA.
Tenés que cerrar el orto y pedirle perdón al DT y al país, idiota.
Me niego a creer que este viernes termina el mundial para Uruguay, no podemos esperar 4 años para tirar todo en una semana y media, ojalá los jugadores saquen orgullo propio, estén a la talla y den pelea.
Vamos por partes.
100% de apoyo al trabajo y compromiso de Juan Andrés “Gordo Verde”.
Después, al artículo de Faig.
Lo primero que salta a la vista es el tono. No alcanza con discutir una invitación: hay una carga de desprecio, de ninguneo y de sospecha que no parece dirigida solo a un hecho, sino también a una persona y al lugar del que viene. Y descalifica.
Lo segundo es más de fondo.
Habla de laicidad, pero en realidad discute quién tiene permiso para ocupar el espacio público, y bajo qué condiciones.
Ese es el punto central.
Lo que plantea es un modelo extremo de laicidad: un espacio público donde lo religioso debería desaparecer o quedar completamente encapsulado.
Para sostener eso, mezcla protocolo, símbolos y poder, volviendo sospechosa cualquier expresión religiosa visible.
Y el cierre es lamentable, toma un tema gravísimo como los abusos y lo proyecta sobre una religión entera… generalizando. En fin.
El problema es que ese modelo no describe a Uruguay. Ni a ninguna sociedad real.
El espacio público siempre está atravesado por cultura, historia y creencias: Navidad, Viernes Santo, Hanukkah, Iemanjá en las playas, procesiones, rituales afros, ofrendas, tradiciones visibles.
Eso no rompe la convivencia. Es parte de ella.
Como tampoco la rompe que un presidente de un país laico visite al Papa en el Vaticano, como hizo Orsi.
Siempre se ha entendido dentro de la normalidad institucional.
La laicidad no consiste en expulsar lo religioso de la vista. Consiste en que el Estado no imponga, no privilegie y no discrimine.
Y esa exigencia de neutralidad absoluta, curiosamente, no aparece cuando lo que ocupa el espacio público es contenido político o ideológico: carnaval con bajada política, marchas con consignas, murales con mensaje explícito.
Ahí el artículo pierde fuerza.
Ya no parece defender una convivencia equilibrada. Lo que propone, es un recorte del espacio público donde ciertas expresiones quedan fuera de juego, mientras otras circulan sin mayor cuestionamiento.
Se puede discutir protocolo y límites. Lo que no se puede es pretender una sociedad aséptica solo para lo que incomoda, mientras se naturaliza lo demás.