Dios nuestro, en tus manos está nuestra vida, lo que somos y tenemos. Gracias porque siempre nos motivas a vivir con esperanza, confiando en que las cosas pueden ser mejores. Toca nuestro corazón y permítenos ser libres y felices.
Todos tienen la misma dignidad que tú. No eres más que nadie por tu forma de pensar o ser. La dignidad humana es un innegociable y por eso hay que respetarla.