En 1959 Fidel Castro prometió al mundo: “Elecciones libres en 18 meses”. Jamás las dio.
67 años después, Cuba sigue sin democracia, sin voto y sin libertad, fue un maestro de la manipulación verbal. Su trayectoria está repleta de declaraciones que contradijo con sus acciones, vendió la ilusión de que iba a acabar con los dictadores… para convertirse en el peor y más duradero de todos.
La historia, que según él lo absolvería, lo registra como uno de los grandes embaucadores del siglo XX.
Siete años de cárcel…
por escribir una sola frase en la pared de su casa:
“¿Hasta cuándo?”
No robó.
No golpeó a nadie.
No hizo daño.
Solo preguntó.
¿Hasta cuándo los apagones?
¿Hasta cuándo la escasez?
¿Hasta cuándo el silencio obligado?
Y por eso… siete años.
¿De verdad alguien puede justificar esto?
¿De verdad toda esa izquierda internacional que habla de derechos humanos puede mirar hacia otro lado?
Porque cuando una pregunta se castiga con prisión…
ya no estamos hablando de ideología.
Estamos hablando de miedo.
Y cuando un país le teme a una simple pregunta…
es porque ya no tiene respuestas.
Reconocer que Cuba es una dictadura criminal no significa que seás trumpista ni fascista ni siquiera de derecha. Solo significa que sos una persona sensata que reconoce ese hecho irrefutable.