Llegamos a una edad en la que solo nos importa estar en paz, no salimos de casa si no es necesario y nos juntamos solo con las personas que nos hacen bien.
Cuando te das cuenta de que todo está carísimo y, aun así, Dios no ha permitido que te falte el alimento, un techo donde vivir ni que tus manos queden vacías.
Elijan bien a sus parejas; a todos nos gusta salir a cenar, los detalles y los regalos, pero no cualquiera te cuidará cuando te sientas mal o te ayudará cuando no puedas con el peso de la realidad, no cualquiera va a estar ahí cuando sientes que no puedes más.