Un buen beso de la nada. Una llamada, un te extraño de madrugada. Una sonrisa después una mirada. Un cielo estrellado, una estrella fugaz. Un momento de paz. Una cama para acostarse. Un hombro para llorarse. Un rio para bañarse. Eso es magia.
Y de pronto sentís que ya no necesitás eso que creías que te morías si te faltaba. Sonreís. Y volvés a empezar. Qué maravillosa es la vida cuando te elegís.