Tan cortita que es la vida, y a veces nos complicamos tanto con cosas que no valen la pena. Nos preocupamos por lo que no podemos cambiar, dejamos para después lo que nos hace felices y nos olvidamos de disfrutar lo que realmente importa. Y un día te das cuenta de que el tiempo sí pasa rápido. Que al final, casi nunca recuerdas las preocupaciones, sino los momentos sencillos, las risas sin razón, las personas que quieres y esa sensación de paz. A veces creo que vivir también es aprender a complicarnos un poquito menos y sentir un poquito más.
Jamás traiciones a quien en algún momento te abrió las puertas de su casa y te sentó en la misma mesa con su familia, tener diferencias es una cosa y ser traidor mal agradecido es otra cosa.