No voy a volver a ser joven, por eso yo si mando mensajes largos, doy los abrazos que me nacen, lloro cuando lo necesito, me río fuerte sin pena, amo con toda la intensidad posible y sé que de eso nunca me voy a arrepentir.
Es extraño cómo el dolor se suaviza con el tiempo. No porque desaparezca, sino porque tu corazón aprende a llevarlo en silencio. Algunos días incluso olvidas que está ahí, hasta que una canción, un olor o una imagen te lo recuerdan...