Todo, absolutamente todo pasa por alguna razón. Las manos que sueltan, las intenciones que se muestran, las mentiras que se revelan, las amistades que se transforman, los amores que unen y los vínculos que se desmoronan. El tiempo muchas veces da respuestas.
Puedo ser insegura en muchos aspectos de mi vida pero tengo clarísimo la calidad de persona que soy, la lealtad y el interés genuino por los míos, el apoyo incondicional y el esfuerzo que hago por construir y mantener mis relaciones
Volvió a ser Abril, pero esta vez ya no estoy intentando comprender el porqué de ciertas cosas. Solté a quien nunca me eligió; ya no tengo el corazón roto. Ahora me rodeo de personas bonitas, y quienes no me sumaban, ya no están. Quizá no todo esté bien, pero sí mejor que antes.
Pero llega alguien, de pronto.
Y sin decir mucho, con gestos simples y sinceros, empieza a cambiarlo todo.
No te cura, no tiene la obligación.
Pero se queda.
Y con cada “cómo estás”, cada silencio compartido, cada caricia sin prisa…
Te enseña que algunas heridas se curan mejor cuando dejas de esconderlas.
Y que hay tiritas que no son de colores,
sino de miradas que entienden sin preguntar.