Mis pensamientos no dejan de perseguirme.
Me recuerdan cada error,
cada instante en el que pude hacerlo mejor,
cada vez que confundí tranquilidad con descuido.
No sé en qué momento empezamos a hablarnos en invierno,
ni cuándo tus palabras comenzaron a llegar tan frías
que hasta mis noches aprendieron a temblar.