Es curioso cómo un solo momento puede poner en perspectiva años de preocupaciones. Lo urgente deja de ser importante y lo importante vuelve a ocupar su lugar.
El problema del exceso de empatía es que, mientras nosotros podemos entender y ayudar en las luchas ajenas, los demás son incapaces de entender las nuestras.
Entonces te conviertes en la fogata donde nadie más coloca leña pero sí se acercan a calentarse las manos.