El país se divide entre los que vemos (sufrimos por) fútbol todo el año y no bajamos de pechos fríos a los de la Selección, y los que aparecen cada cuatro años con su infaltable "gracias, guerreros".
Gracias a la vida que me hizo hincha de Atlético Nacional y me ha hecho conocer las más grandes victorias que se pueden celebrar en el fútbol.
Porque qué cosa hijueputa la Selección Colombia, es el gen de la derrota absoluto.
Ya no más con esa mediocre frase dañina, alcahueta, dizque "James así no juegue en los clubes, en la selección se transforma"
Eso es encubrir la mediocridad de un jugador, eso es muy dañino, eso es enviar un mal mensaje a la juventud, que con vagancia se puede llegar lejos !
No entiendo cómo hay gente que reduce la música popular y los caballos a cosas de traquetos. Eso es escupir en las raíces de este país e ignorar el corazón del campo en su esencia más pura.
Dizque mantecos por escuchar música popular. Estamos en Colombia, el país de la música popular, naciste aquí y te corren los aguacates que cargaba Yeison Jiménez en la plaza y aguardiente amarillo por esas venas. Madura.
Lo que 2.300.000 votos nos están diciendo
Por Carolina Restrepo Cañavera
No son solo cifras. Son señales.
Más de 2.300.000 colombianos participaron en una consulta que, aunque no define el poder, sí revela el estado mental y emocional del electorado. Y dentro de esos 2.3 millones de votos hay dos datos que deberían preocuparnos más que cualquier resultado presidencial:
1.300.000 votos por Iván Cepeda, un hombre que ha sido, sin matices, defensor político, jurídico y simbólico de las FARC, incluso en sus capítulos más atroces.
Más de 600.000 votos por Carolina Corcho, la ideóloga de la demolición del sistema de salud colombiano, quien convirtió la política sanitaria en un instrumento de revancha ideológica y de captura burocrática.
No se trata de odios personales. Se trata de una erosión ideológica.
Cuando un país premia con el voto a quienes representaron la defensa del terrorismo y la destrucción institucional, lo que está fallando no es la política: es la memoria colectiva.
La pregunta ya no es quién ganará en 2026.
La pregunta es qué tipo de país estamos formando: uno que romantiza el extremismo, que confunde justicia con resentimiento y que llama “transformación” a lo que en realidad es destrucción organizada.
El problema no es que voten.
El problema es por qué votan así.
Porque detrás de esos números hay un país dispuesto a justificar cualquier cosa si se disfraza de “lucha popular”, aunque le cueste su salud, su economía o su libertad.
Y si la derecha, la centro-derecha y el liberalismo serio no entienden esto a tiempo, no habrá narrativa que nos salve.
Porque lo que está cambiando no es el mapa electoral.
Es la mente del votante.