Malditos romanos asquerosos que terminaron con las lenguas nativas de la península.
Que le den al castellano, catalán, gallego y sucedáneos latinos.
Devolvamos a nuestra su herencia hispana.
Iberiar mi
@Arajuhe22087@CMATIENZO Que va... En el mundo real hay poco rechazo a mexicanos, uruguayos, argentinos en España... Los que más odio se llevan son los colombianos, por su afición por las bandas criminales, o los de RD y del Caribe que son muy plastas con la música.
@VR_JoseX@herqles_es La gran mayoría de los españoles los apreciamos. En Tuiter se ha dado un fenómeno de rechazo por la inmigración masiva de África y América...
Cuanto lleva el mono Yamal con brackets. Sé que debido a la bestialidad congénita marroquí y africana necesita años de operaciones para corregir su cráneo deforme pero creo que es demasiado
@FranciscoFCB97 Hay de todo... Supongo que distintos estratos le tendrán distintas simpatías a España... Desde la ignorancia, ¿los que acuden al mundial son burgueses, clase baja o mix? Igual eso también lo explica
Las armas que hacían temibles a los húsares alados.
De la husaria todo el mundo recuerda las alas, que a día de hoy se consideran más ornamento de desfile que equipo de guerra, y casi nadie repara en lo que de verdad la hizo la mejor caballería de Europa durante un siglo, su armamento. Empiezo por deshacer un equívoco, pues en el resto del continente húsar significaba jinete ligero, mientras que en Polonia era justo lo contrario, caballería pesada de choque.
Su arma decisiva era la 'kopia', la lanza. Medía unos cinco metros, más que la pica de la infantería enemiga, y aun así pesaba apenas dos o tres kilos, porque se fabricaba hueca, vaciada por dentro y reforzada solo en la punta. El extremo trasero encajaba en la 'tuleja', una cazoleta sujeta a la silla. Quien clavaba la lanza no era el brazo del jinete, era la masa del caballo lanzado al galope. Esa ventaja de alcance, unida a una carga cerrada y disciplinada, explica que el húsar lograra a veces lo que se tenía por suicida, romper una formación de piqueros, cosa que la caballería corriente no conseguía. Pero hay que ser cautelosos con esta afirmación, porque un cuadro de picas que aguantaba firme y no se dejaba quebrar por el miedo seguía siendo una trampa mortal, y la husaria también se estrellaba cuando no pillaba al enemigo ya desordenado. La lanza la pagaba la Corona, único pertrecho que costeaba el Estado, y solía partirse en el primer choque.
Rota la lanza, el húsar echaba mano del 'koncerz', un estoque largo de hoja rígida y sin filo que llevaba bajo el muslo izquierdo y servía para clavar por las junturas de la armadura. Contra enemigos a pie y acorazados recurría al 'pałasz', una espada recta y ancha que hería de punta y de tajo, y para la pelea cuerpo a cuerpo, al costado, colgaba el 'szabla', el sable curvo polaco.
Llevaba también armas de fuego, un par de pistolas, e incluso arcos, pero apenas las gastaba en la carga, convencido, igual que la propia caballería otomana, de que una descarga poco hacía contra jinetes bien adiestrados. Para protegerse, los húsares habían tirado por la borda el yelmo pesado, el escudo de madera y la silla aparatosa del caballero medieval, y los cambiaron por un casco abierto de tipo oriental, el 'szyszak', una coraza ligera sobre cota de malla y unos guardabrazos. Menos hierro encima y mucha más movilidad.
Así que el húsar alado no era una rareza exótica y mitificada, era un eficaz sistema de armas de caballería pesada montado en torno a una lanza hueca que medía más que la pica del rival, y por eso siguió aplastando ejércitos en Kircholm en 1605, en Kłuszyn en 1610 y ante Viena en 1683, mucho después de que todos dieran la lanza por muerta.
Bibliografía recomendada en los comentarios.
Schmitt tiene una obra que abarca muchos asuntos: desde todos los tópicos del Derecho Constitucional (Teoría de la Constitución), el ensayo político (El concepto de lo político, Teoría del partisano Teología política o catolicismo y forma política), la geneología de las instituciones (La dictadura), la sociología militar (Clausewitz como pensador político), la filosofía de la historia desde una óptica juspublicista (El nomos de la tierra), hasta el ensayo autobiográfico (Ex captivitate salus).
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