Tengo una regla inquebrantable: te doy el doble de lo que me das, pero te quito todo en el momento en el que me fallas. Mi paz es cara, y mi capacidad para irme y no mirar atrás es mi rasgo más fuerte.
Mi único defecto siempre será el hecho de que no sé dejar ir a la gente tan fácil. Siempre digo que respeto su decisión, pero intento arreglar las cosas, hablarlo y encontrar mil soluciones. No me gustan las despedidas; no me gusta vivir con la ausencia de quien quiero.
Me duele verme así, tratando de hacerme la fuerte cuando lo único que quiero es llorar, me duele fingir que estoy bien cuando estoy hecha trizas, rota hasta los huesos, agotada y sola; creyendo que puedo con esto, cuando en realidad me estoy cayendo a pedazos.
El peor tipo de hombre no es el infiel. Es el que finge ser un buen hombre, pero en realidad es un mentiroso, un manipulador y un maestro en hacerse la víctima. Es el que miente tan bien que empiezas a dudar de tu propia verdad, el que distorsiona tus palabras, juega con tus emociones y te convence de que tú eres el problema.