Me acosté con una mujer que me atraía muchísimo, pero de la que apenas sabía nada.
Durante semanas confundí las ganas de verla con las ganas de conocerla. Pensaba en su cuerpo, buscaba excusas para escribirle y esperaba con impaciencia la próxima vez que estaríamos juntos.
Una noche, después de estar juntos, me miró y me preguntó:
—¿Tú qué quieres realmente conmigo?
Me reí y le dije que estaba ocupado, que tenía muchas cosas en la cabeza y que no era bueno expresando mis sentimientos.
Ella bajó la mirada y respondió:
—Qué curioso. Cuando estamos juntos, me haces sentir que lo quieres todo conmigo. Pero cuando nos despedimos, parece que ni siquiera tienes ganas de conocerme.
Me quedé callado.
Entonces añadió:
—No te culpo por desearme. Yo también te deseo. Lo que me duele es haber empezado a creer que, si conseguía gustarte lo suficiente, algún día también querrías conocerme de verdad.
Y después me hizo una pregunta que no supe responder:
—Si mañana ya no pudieras volver a acostarte conmigo, ¿seguirías teniendo ganas de verme?
@Fantasmonaa Como alguien que ya estuvo hay y casi que en los dos papeles te aconsejo que no perdones ninguna, después de un engaño (cualquiera) es muy difícil recuperar el vinculo, estará roto así que para que posponer el martirio?
No importa cuánto ames a una persona, tu amor no le va a ganar nunca a su crianza, a los años donde nadie lo escuchó, a los padres que no lo vieron, a la idea limitada del amor con la que creció. Y mucho menos a su fachada de autosuficiencia.
Puedes amar muchísimo a alguien y aún así no ser suficiente para sanar el peso que esa persona carga.