—Seguir negando lo de cazador delante de aquél hombre era ya una pérdida de tiempo, así que tan sólo se encogió de hombros.—
Lo necesario.
—Lo necesario para mantenerse cuerdo, no perder el control y no acabar matando a algún inocente.—
—Y podría hacerlo. No dudaría en dejar caer el humeante vaso de papel sobre él, aunque no le hiciera falta eso para quemarle.
Pero le dio las gracias. Algo era algo. Asintió—.
¿Has cazado mucho hoy?
—Alzó ambas cejas al verlo aparecer con dos cafés, mordiéndose la lengua para no soltar un comentario mordaz y acabar con el café en la cara.—
Mhm, gracias.
—Rodó los ojos y desapareció un momento. Al regresar llevaba dos cafés, y hubiera hecho la pantomima de decir que ambos eran para él.. Pero no tenía ganas de jugar. Había trabajo que hacer—.
La próxima vez el cazador nocturno es mejor que se planee sus horas de descanso.