"Aun si ese hubiese sido el caso, yo habría estado en derecho de defender mis intereses económicos, ¿o no? ¿Por qué debería descuidarlos? Pero lo triste es que eso no fue lo que pasó. Si en algo influyó el dinero en esta circunstancia, fue para bien. Andábamos bárbaro en ese aspecto: yo no tenía que salir a ganarme el pan, podía rascarme el higo cuatro años o seguir componiendo… Pero sin guita habría tenido que tocar aunque más no fuese en pubs. ¿Cómo pensás que pude tirar cuatro años sin sacar un disco nuevo ni presentarme en vivo? Por eso pude darme el lujo de circunscribir nuestra diferencia esencial al conflicto por la custodia artística.
Lo hice por respeto a la gente. Mi interés no era la guita sino el prestigio que habíamos sabido construir, la cuestión de cómo se iba a manejar nuestra obra el día de mañana, cuando alguien ajeno pretendiese intervenir en ella. Para mí crecer era crecer con la banda, no solo. Lo que me jodía era que se jodiese la epopeya de Los Redondos. No tanto por la relación con los otros músicos, sino por la resonancia que tenía entre la gente. Yo me enamoro mucho de los proyectos, me encantaría que Los Fundamentalistas siguiesen sin mí.
Cuando yo quemo naves, quemo naves. Y ya no me importa un carajo lo que atesoré hasta ayer, aunque sea mío. Por eso nunca les hice juicio. Si quieren regalar ese material de video, hacerlo público, yo no me voy a oponer.
Pero en fin, me hubiera gustado que Los Redondos tuviesen un final más dedicado a la gente. Me quedé con las ganas de un final más elegante."