Mi hija de diez años siempre corría al baño en cuanto llegaba del colegio. Todos los días.
Una tarde, por fin le pregunté: «Cariño, ¿por qué te bañas enseguida?». Me miró con esa sonrisa suya tan brillante e inocente y me dijo: «Es que me gusta estar limpia».
Entonces, una noche, mientras desatascaba el desagüe de la bañera, encontré algo. En cuanto lo vi, todo mi cuerpo empezó a temblar e inmediatamente...