El hincha de River nunca le tuvo odio a Belgrano post 2011. Y tomar la final como una revancha de algo sería caer en un pensamiento de equipo chico. Se supo siempre que ellos fueron el último eslabón de una cadena de desgracias, y solamente tuvieron la suerte de ser el rival de turno como la hubiese tenido cualquiera que enfrente a aquel River destruido anímicamente.
El morbo que quieren instalar es más por el chiquitaje que se instala afuera que por lo que realmente significa el partido. Es una final y punto, y nada tiene que ver con la instancia que se jugó en el pasado. Para ellos ganar el domingo significará la victoria más importante de su historia y para River una vuelta olímpica muy importante y necesitada, pero no mucho más. Las cosas como son.