¿Hasta cuándo vamos a seguir llevando la cuenta de las fechas? Ya van dos años del 28 de julio. Ya van seis meses del 3 de enero. Antes fueron no sé cuántos del interinato. Y así sucesivamente.
Parece que en Venezuela el calendario produce más acontecimientos que la política. Vamos acumulando aniversarios de oportunidades perdidas.
Pero no necesitamos otra efeméride más. Sobre todo que las nuestras ahora incluyen catástrofes naturales.
Ni Job padeció tanto.
Acabo de ver la historia del muchacho que luchaba por sacar a su mamá viva de los escombros de un edificio después del doble terremoto de La Guaira.
Mientras varias personas intentaban sacarla, alguien dio una alerta de tsunami y todos huyeron corriendo, dejándolo solo con su madre, a quien debían amputarle las dos piernas para poder sacarla.
Como todos se fueron por la falsa alarma, él se quedó solo con ella encima de los escombros. Era de noche. Entonces vio a un señor con ropa muy limpia que se acercó y le preguntó qué hacía ahí solo. El muchacho le contó la situación.
El señor le dijo: “Déjame intentarlo yo” y comenzó a sacarla. Increíblemente, la señora salió ilesa.
Cuando todos volvieron, ella ya estaba afuera, con sus dos piernas intactas y esperando un chequeo médico.
Dios actúa de maneras misteriosas.
MANUAL DE DESPROGRAMACIÓN BOLIVARIANA PARA VENEZOLANOS SENSIBLES (o cómo desprenderse lentamente de la idea —sin sufrir un colapso emocional inmediato— de que Simón Bolívar fue «nuestro libertador»)
MÁS DE UN SIGLO de escolarización bolivarista deja marcas profundas. Década tras década el venezolano promedio aprendió primero a decir «Bolívar» y después a pensar. Por eso, cualquier procedimiento de desprogramación exigirá paciencia.
El rostro de Bolívar aparece en billetes, monedas, plazas, escuelas, ministerios, avenidas; en los ojos húmedos de la maestra de primaria y hasta en el papel higiénico ideológico del Estado. Casi-casi-casi aparece también en el tetero.
Si alguien ve la misma cara durante cuarenta años, termina suponiendo que aquel señor debió salvar a la humanidad de una invasión extraterrestre.
Pero procedamos, por difícil que sea, a la desprogramación.
La primera medida consiste en tranquilizar al paciente; asegurarle que nadie le va a quitar las arepas; que nadie le va a prohibir decir «chévere», «pana». Que ni siquiera van a quitarle el decadente y ya tan normalito «marico». Que no habrá alarma en algún Estado porque alguien descubra que Bolívar no descendió del Monte Sacro envuelto en relámpagos olímpicos. La vida continuará con admirable indiferencia. Las hallacas seguirán existiendo; el Ávila permanecerá en su sitio; autobuses y mototaxis continuarán circulando.
Después de esa primera estabilización emocional comienza la terapia propiamente dicha. La primera grieta aparece cuando el venezolano descubre que ganar una guerra no convierte automáticamente a nadie en libertador. Napoleón ganó muchísimas y dejó media Europa cubierta de cadáveres, ruinas y censura. La historia universal conserva una enorme colección de vencedores capaces de arruinar civilizaciones enteras.
Más adelante emerge una pregunta todavía más delicada: ¿qué éramos exactamente antes de la independencia? Ahí comienzan a verse los primeros espasmos republicanos. El venezolano formado bajo el catecismo bolivarista imagina 1810 como una especie de Mordor tropical —aquel reino infernal y oscuro de las novelas de Tolkien— administrado por españoles malignos que despertaban cada mañana pensando cómo torturar indígenas, afilando bayonetas frente a plantaciones humeantes. Luego aparecería Bolívar en su caballo blanco repartiendo ciudadanía, dignidad, electricidad y autoestima continental.
El problema está en ciertos detalles incómodos. En 1800 los habitantes de Caracas eran españoles. Jurídicamente españoles. Culturalmente españoles. Religiosamente españoles. Lingüísticamente españoles. Esto incluía criollos, mestizos, pardos, indígenas integrados al orden imperial y personas de múltiples mezclas raciales. Porque ser españoles era toda esa poliformia compleja y vibrante, no la estampita del peninsular enseñada luego en república. Ser americano jamás convertía automáticamente a nadie en extranjero dentro de la Monarquía Hispánica. Tampoco el color de piel anulaba la pertenencia civilizatoria. Existía movilidad social, ascenso administrativo, acceso al sacerdocio, participación municipal, vida universitaria y múltiples mecanismos de integración jurídica. Las provincias americanas formaban parte de una misma estructura política que llevaba tres siglos desarrollándose. Nadie necesitaba pasaporte para viajar de Caracas a Cádiz, todo aquello pertenecía al mismo cuerpo político.
Llegados a este punto, el paciente suele, como si no hubiera escuchado lo anterior, soltar la frase aprendida: «Sí, pero éramos colonia». Entonces toca formular una pregunta sencilla y observar cuidadosamente la reacción fisiológica: ¿en qué colonia los habitantes poseen representación municipal, universidades reales, fueros, imprentas, acceso al sacerdocio, movilidad jurídica y posibilidades de ascenso administrativo? El silencio posterior toma una densidad dramática.
Pero la terapia avanza. Llega el momento de revisar qué dejaron realmente las
Pensé que era una exageración...
Hasta descubrir por qué tanta gente está hablando de esto.
Después de ver cómo esto puede facilitar la rutina de quien cuida a un anciano, lo entendí.
Tienes el corazón roto, pero estás lleno de orgullo. Sientes mucha rabia, indignación, amor, rencor y agradecimiento... todo al mismo tiempo.
No estás loco. Solo eres venezolano. 🇻🇪
Los rescatistas van regresando a sus países. Uno se siente que queda desprotegido. O quizá no es solo un temor.
Gracias eternas para los rescatistas internacionales. Cumplieron una labor que sin ellos hubiese sido imposible.
Durante estos días les he compartido principalmente las labores de búsqueda y rescate, porque cada vida salvada representa una enorme esperanza.
Pero nuestra misión en Venezuela va mucho más allá. Nuestros equipos también trabajan sin descanso llevando ayuda humanitaria a quienes más lo necesitan, con alimentos, agua potable, medicamentos, insumos médicos y todo lo necesario para fortalecer la respuesta a esta emergencia.
Al mismo tiempo, médicos y personal especializado brindan atención directa en hospitales y comunidades, así como atención veterinaria para los animales afectados.
Fuerza Venezuela 🇸🇻🇻🇪
Tras los devastadores terremotos en Venezuela, la FIFA y Shakira destinan $500.000 a la recuperación educativa del país.
El apoyo comenzará con la rehabilitación de escuelas afectadas, fortaleciendo el regreso a clases y el futuro de miles de niños y jóvenes.
Cristiano Ronaldo vio el mensaje de Andrés, un niño venezolano afectado por el terremoto y lo invitó a asistir a uno de sus partidos.
Gracias Cristiano 🙏🏻🇻🇪
¡Qué maravilla de iniciativa! Es realmente conmovedor ver cómo pequeños gestos de solidaridad pueden tener un impacto tan grande en la vida de las personas. Como bien dices, va mucho más allá de la estética; es devolverles un poquito de dignidad y cuidado en momentos difíciles. ¡Es inspirador ver que estas acciones ya están sucediendo!
Hoy estuve a punto de quejarme, pero recordé que hoy tuve un plato de comida, una cama donde descansar y ropa para vestir. Entonces dejé de quejarme y comencé a darle gracias a Dios por tanto. A veces estamos tan enfocados en lo que nos falta que olvidamos agradecer todo lo que ya tenemos. 🙏🤍
Papá Dios hoy no te pido nada para mi, te pido un poquito más de tiempo, y de oxígeno para los muchos que aún están bajo los escombros, te ruego por cada niño que espera a sus padres, y por cada padre que busca a su hijo, solo tu puedes hacer ese milagro, Diosito mi Fe está en ti
Miren. En estos momentos de duelo abierto, dolor y miedo, Venezuela no merece ser jamaqueada por la voracidad del aprovechamiento político. ¿Hasta cuándo el mismo guión, con la misma perversa hipocresía?
Esto es inaceptable. Ninguna de las partes en pugna puede invocar integridad. Ni los malos, ni los peores.
La mezquindad política se nota a leguas. El interés personal hiede más allá de nuestras fronteras.
Los buenos, por lo general respetan al país y privilegian la comprensión del momento a cualquier otro sentimiento. Que alguien quiera aprovecharse de la vulnerabilidad emocional del país es francamente asqueroso. Esto vale para todos.
Porque se requiere que todas las energías del país se concentren en un esfuerzo que todavía está en sus inicios: Salvar, resguardar y reconstruir.
Tengo que decir lo que estoy apreciando: Detrás de muchas iniciativas y ganas de hacernos distraer el foco lo que hay es ambición desmedida y hambre insaciable de poder. Nada más inmoral y poco redituable a largo plazo.
Que conste: La pertinencia es una virtud política. Tanto como la coherencia y la eficacia. Y la paciencia, todo lo alcanza.
Venezuela es ese extraño caso en el que hay que explicarle a los otros países, su gente e instituciones, que no donen dinero a la Cruz Roja venezolana, porque hasta allí llegaron los tentáculos corruptos del chavismo y es MUY posible que la ayuda no llegue a donde debe llegar.
La gente inmoral puede ganar dinero rápidamente pero pierden lo más importante para todo ser humano: su reputación, su valor y el respeto de la sociedad.
Un hombre sin moral y sin respeto, podrá hacer dinero, pero siempre será infeliz porque todo el mundo le mirará con desprecio