Los tiempos de Dios no sólo son perfectos: son justos, sabios y siempre llegan cuando el corazón está listo para agradecer lo que un día pidió llorando.
Qué hermosa sensación de abrir un regalo y ver que es algo que mencionaste una vez de manera inconsciente y sentir que alguien te prestó atención como para recordarlo y hacerte feliz con eso.