De mis relaciones anteriores aprendí, que a la primera mentira debo irme, que no debo rogar para que se queden conmigo, que nunca más debo pedir algo que al otro no le nazca hacerlo o decirlo, y sobre todo que no debo conformarme con poco, cuando yo doy mucho.
La próxima vez que vea unos CAI quemados o destruidos y piense: “Malditos vándalos” lo invitó a que piense también en dos niños que ya no tienen papá y que vivirán temiéndole a los que se supone que deben protegerlos, los policías.