¿Quién querría compartir su vida con alguien que fue mujeriego, infiel y borracho? Eso no significa que las personas no puedan cambiar, pero el pasado sí importa; no para condenar a nadie para siempre, sino para saber con qué verdad estamos eligiendo.
La lealtad no se compra ni se asegura a base de dar más; nace de quien la lleva dentro. Y quien decide fallar lo hace con plena conciencia, incluso cuando recibió lo mejor de ti.
Solemos pedir en la pareja lo que no siempre estamos dispuestos a dar, y ahí está la incoherencia, queremos una relación sana, pero llegamos a ella con nuestras propias evasiones, medias verdades y excusas.
Demasiadas personas no saben estar solas: se involucran con cualquiera y luego se lamentan con el clásico «me va mal en el amor». No, no te va mal; es que agarras al primero que te sonríe.
Para mí, el respeto hacia una relación no termina el día en el que la relación acaba. A veces también está en cómo decides actuar después. No por esperar ni por querer que vuelva, sino porque lo que viviste fue real.