Lo bonito de la posteridad es que nunca espera nada de nosotros. Pero eso sí, siempre tiene tiempo para mirar cómo tratamos al presente, y por eso a veces nos sonríe y nos reconoce si lo hicimos bien.
Hola, junio. Ya me andaba que llegaras. Me gusta cómo hasta la lluvia abrió un poco las cortinas para que pasaras con tu conga de solsticio y frenesí por todas las esperas que finalmente se terminan. Ven, acomódate en el sillón, que la cafetera ya suspira y la nevera nos sonríe.
Hola, mayo. Me encanta cuando llegas con tu conga de colores y texturas que contagian con su música lo soleado de los días. Ven, pasa. Tengo café y bebidas frías, y muchas ganas de que todo lo que a veces nos cuesta un poquito de trabajo nos sepa mejor acompañándonos.
Hola, abril. Me encanta que hayas llegado junto al sol que ralla las nubes después de la lluvia. Ya vi todos tus aromas y colores, y quiero mucho que pases a donde el café, el pan dulce y los recuerdos que se vuelven un confetti de memoria y alegría están listos para recortarse.
Hola, febrero, qué bien que llegas. Por un momento sentí que tardabas de más, pero en eso recordé que así pasa con las cosas cuya esperada brevedad nos hace mirar con más detalle. Ven, pasa. El vapor del café ya está danzando y la memoria va al compás del son que le escribimos.
Hola, enero. Me reconforta que hayas llegado sereno y liviano como pocas veces. Porque amén de la danza de la tempestad y de la calma, lo tuyo es una libreta nueva para poner los puntos sobre las íes que hacen florecer la vida. Ven, pasa. El café y las horas ya están puestas.
Hola, diciembre. Qué bonito verte llegar con tus libretas y tus ganas de ponerle bonita letra a los recuerdos. Ven, vamos a encender las luces. Hay café, chocolate y todas esas cosas que ponen calientito el corazón mientras la memoria reminisce y se dibuja con nosotros.
Hola, septiembre. Me gusta verte llegar con esa sonrisa de que algo está por ocurrir, porque todo lo que importa siempre avisa. Ven, pasa. Tengo café y muchas ganas de sentarnos a ver cómo la tormenta se termina y la vida nos enseña que todo lo que brilla es porque recibe luz.