Todo México sino es que todo el mundo critica a Javier “el Chicharito” Hernández sin darnos cuenta que más de uno quisiera tener la vida que actualmente él tiene.
Viviendo feliz y en paz.
Escúchate siempre a ti mismo y sigue avanzando.
Porque en el camino habrá gente que te dirá que no puedes, que es imposible, que te tirará hate o incluso intentará pisarte o estafarte. Pero todo eso también es parte del proceso y del aprendizaje.
Si crees en ti y trabajas todos los días por tus sueños, tarde o temprano llegan los resultados.
Hoy, gracias al esfuerzo, al aprendizaje y a las personas que me apoyaron, he podido tener mi casa, depas, carros y un sin fin de gustos. Muchos pensarían que eso es lo mejor de todo y que de eso se trata la felicidad… pero en realidad no.
La verdadera felicidad es estar bien con la familia, apoyarla, perdonarla y quererla. Eso es lo que realmente me hace sentir pleno y me da una paz que vale más que cualquier cosa material.
Nada fue suerte, fue trabajo.
Nunca te rindas.
Las apuestas no son el problema.
El problema es no saber controlarte.
Exactamente igual que con los cigarros, la pizza, el alcohol, los autos o cualquier otro gusto.
Nada de eso es malo por sí solo.
Lo que es malo es el exceso.
Lo que es malo es la irresponsabilidad.
Cuando no hay límites, cualquier cosa se vuelve dañina.
Cuando sí los hay, es solo un pasatiempo más.
Los hombres necesitan dolor.
Los hombres necesitan la derrota.
Los hombres necesitan soledad.
Los hombres necesitan la lucha.
Los hombres necesitan sufrir.
Los hombres necesitan obstáculos.
Los hombres necesitan inestabilidad.
Los hombres necesitan soledad.
México está convertido en un cochinero.
Y lo peor es que mantener una narrativa positiva se ha vuelto facilísimo cuando estás repartiendo dinero.
Si le das tres mil pesos mensuales a alguien que no tiene nada, lo tendrás agradecido de por vida.
El país está prácticamente comprado.
Nadie quiere dejar de recibir ese dinero aunque afuera haya asesinatos, secuestros, robos y desaparecidos todos los días.
Y la verdad, poniéndome en su lugar, lo entiendo.
Porque cuando el hambre aprieta, la moral se vuelve un lujo.
Y en un país donde sobrevivir ya es una apuesta, tres mil pesos al mes se sienten como esperanza, aunque sea mentira.
Cuando una persona empieza a ganar mucho dinero, no solo cambia su estilo de vida: cambia su mente, su ritmo, su manera de ver el mundo. Y aunque muchos hablan del poder, de la libertad o de la arrogancia que puede surgir, casi nadie menciona lo más valioso que trae la abundancia: la paz.
La paz de no vivir con miedo al mañana.
La paz de no tener que aceptar todo por necesidad.
La paz de poder decir “no” sin sentir culpa.
Esa tranquilidad silenciosa, tan simple y tan subestimada, es uno de los mayores privilegios que puede dar el dinero. Y es justo esa calma la que modifica a las personas. Porque cuando dejas de actuar desde la carencia, empiezas a pensar con claridad. Ya no decides por urgencia, sino por convicción. Ya no buscas agradar, sino estar en paz.
Desde fuera puede parecer que el dinero “te cambió”. Pero en realidad, lo que cambió fue el ruido dentro de ti. Donde antes había ansiedad, ahora hay calma. Donde había lucha, ahora hay orden.
Por eso, antes de juzgar a quien prosperó y se volvió distinto, intenta entender que no siempre es soberbia: a veces es solo serenidad. El dinero no compra felicidad, pero sí compra algo que pocos valoran hasta tenerlo: la paz de vivir sin miedo.