A todos los futuros R1:
Si alguien os ha llamado vagos, flojos, que teneis falta de vocación o similar por haber preguntado por las condiciones laborales de un hospital para elegir, ahí no es.
No sois peores médicos por querer calidad de vida y un equilibrio fuera del hospital.
Echo de menos su voz. Echo de menos cómo iba por la casa cantando, hablando con los gatos o tarareando algo. Pocas veces le escuché gritar; su voz era calmada, pero firme. Transmitía tranquilidad solo con escucharle o con su presencia. Conseguía que todo el mundo confiase en él y hacía reír a cualquiera. Echo de menos su sonrisa y la mía cuando me contaba algo que le había pasado en el día con su toque personal que te hacía partirte de risa. Echo de menos cómo cuidaba a mi madre por encima de todas las cosas y cómo me decía que si a mí me había hecho la boca un fraile o si me pensaba que él era el Banco de España mientras se reía y sus ojos brillaban de ilusión compartiendo las mías.
Echo de menos su calva y su barriga, que era hogar para los gatitos, que podían pasar horas ronroneando sobre ella.
Echo de menos cómo se mordía la lengua cuando estaba nervioso o preocupado y cómo ahora mismo lo estoy haciendo yo. Y cuánto me acuerdo de él cada vez que lo hago.
Echo de menos sus consejos, su sabiduría, sus refranes y todas las palabras que aprendí gracias a él.
Echo de menos que me viniese a tapar con la manta por las noches cuando era pequeña o que me trajese un peluche cada vez que se iba de viaje.
Echo de menos nuestras largas llamadas de teléfono y la sensación de paz cuando colgábamos y sentía que todo estaba bien.
Echo de menos decirle que le quiero, porque no se lo decía tanto como lo sentía y ahora ya es tarde para hacerlo, aunque creo que él lo sabe porque aunque en el arcoíris de los padres no haya internet, supongo que me leerá desde algún sitio.
Echo de menos abrazarle y que me dijese que todo iba a salir bien.
Le echo mucho de menos y también me echo de menos a mí misma cuando no tenía esa sensación.
Todos echamos de menos algo y a veces es necesario soltarlo.
Yo hoy necesitaba decirte cuánto te echo de menos, papá, aunque te gustará saber que ya sonrío al recordarte. Lo conseguí. Miro tus fotos y sonrío, como seguro que tú estás haciendo ahora.
He escrito varios libros, papá, y te los he dedicado.
Te dedicaré siempre todos mis sueños.