Cuando te das cuenta de que todo está carísimo y, aun así, Dios no ha permitido que te falte el alimento, un techo donde vivir ni que tus manos queden vacías.
Me gusta la teoría de que, después de cada persona que te rompe un poco, la vida se encarga de cruzarte con alguien que te recuerda por qué nunca debiste dejar de creer.
El verdadero prime es cuando ya no pides un novio, sino que prefieres darle esa tarea a Dios para que te proteja de cada hombre que quiera llegar con malas intenciones y quiera dañar el ingenuo amor que puedes dar.