Si no anulas los vínculos de la Justicia con la política, es decir, si la promoción profesional de los jueces más importantes del país depende de decisiones de comisarios políticos (el CGPJ), solo queda al albur de cada juez ser honesto y no sentirse vinculado con el partido que está detrás.
Eso es muy peligroso, porque los jueces somos humanos, con lo bueno y lo malo que ello significa, cuanto más si estos vínculos llevan funcionando varios lustros.
Pero eso no convierte la situación en lawfare. Es simplemente consecuencia de un sistema viciado de origen.
De hecho, es curioso que quienes hablan de lawfare no quieren despolitizar el CGPJ, sino solo que se politice hacia el lado que ellos desean.
Tampoco que existan Baltasar Garzón o Salvador Alba, por ejemplo, jueces condenados por prevaricación, quiere decir que exista lawfare. Más bien al contrario: se les ha condenado por los propios jueces. Vaya lawfare de mierda.
Y desde luego no significa que todos los jueces seamos cuervos con toga. El 97,3 % de la carrera es ajena a estos juegos de poder, porque sus puestos no dependen de componendas entre partidos.
Sin embargo, la trampa es la de desacreditar a toda la profesión hablando de un CGPJ politizado (porque los partidos no sueltan esa presa) o de algunos casos de prevaricación judicial (corregidos por el propio sistema).
No caigáis en ese cepo argumentativo. El poder judicial, último dique del Estado de Derecho, molesta, no hay más, sobre todo a quienes buscan atajos a la legalidad para conseguir sus objetivos políticos.
Sorteito de HOGWARTS Legacy pa la pipol de Twitter va, ya sabéis como va esto:
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Suerte guapos.