Es evidente que jamás comprendieron la gravedad de haber hecho una fiesta en la Quinta de Olivos cuando el resto de los argentinos eran obligados a estar encerrados mientras se fundían, las escuelas estaban cerradas y los muertos no podían ser despedidos.
Fin.
Los insultos del Dictador Maduro para mí son halagos. Casualmente repitiendo los mismos agravios de muchos “periodistas” bienpensantes de la Argentina cuya posición endeble permite que las atrocidades de Maduro sean legitimadas.
Ni él se cree la estafa electoral que festeja. La República Argentina tampoco.
No reconocemos el fraude, llamamos a la comunidad internacional a unirse para restaurar el Estado de Derecho en Venezuela, y le recordamos al pueblo venezolano que las puertas de nuestra Patria están abiertas para todo hombre que elija vivir en libertad.
VIVA LA LIBERTAD CARAJO