@RevistaPolitico@soyjaimeandres Aqui les tengo la joyita de este pastor hipocrita y torcido, los unicos que le creen son los borregos que estan en sus iglesias
@PalomaValenciaL Jajajaja hay que ser muy cara dura para decir nuestros resultados, es como cuando en la universidad haces todo el trabajo y la mitad de compañeros se quieren robar el crédito para ellos solos jajajjaja
@Finanzas_Time Quien crees que salga victorioso en este conflicto? Es obvio que nadie gana en una guerra de tal magnitud pero si va a haber un vencedor. Irán cuánto tiempo aguantará? Será que sí tienen armamento nuclear?
La posibilidad de una incursión militar en Colombia por parte del gobierno de Donald Trump y la captura del presidente @petrogustavo no sería un simple cambio político; sería el acta de defunción de nuestra independencia. Pasaríamos de una lucha social interna por la dignidad y los derechos a convertirnos en una vergüenza continental: una nación subordinada a los caprichos de un mandatario autoritario que pretende administrar el mundo como si fuera su propiedad privada.
La pregunta que resuena hoy en cada rincón del territorio es: ¿Quién está realmente dispuesto a defender la nación? Mientras algunos se limitan a una retórica cómoda y a las redes sociales, el escenario real plantea un desafío de dimensiones bélicas. Una invasión no es un simple debate parlamentario; es una violación de nuestro suelo. La defensa de la soberanía no admite medias tintas ni discursos vacíos cuando el estruendo de tropas extranjeras amenaza nuestro horizonte.
En este complejo tablero geopolítico, la lealtad de nuestras Fuerzas Armadas es el eje sobre el cual gira la supervivencia del Estado. El soldado colombiano lleva consigo un juramento sagrado a la Constitución, no a intereses transnacionales. Una traición en este nivel sería una mancha imborrable en el honor militar; sería dar la espalda a un pueblo que ha cimentado su libertad con sangre, sudor y lágrimas.
Permitir la injerencia externa para remover a un mandatario elegido por más de 11 millones de ciudadanos no es un acto político, es una claudicación del honor militar. Hoy, el destino de Colombia no reside únicamente en los cuarteles. Ser soldado no es exclusivo de quienes portan un uniforme o un arma de dotación. Todo colombiano consciente, dispuesto a sacrificar su seguridad por la libertad de su patria y a rechazar la esclavitud moderna, es, por derecho propio, un Soldado de Bolívar. La preparación para la defensa nacional debe ser integral. La resistencia es el derecho natural de un pueblo que se niega a ser colonia.
Si el suelo colombiano es pisoteado por botas extranjeras con el beneplácito de traidores locales, perderemos el derecho a llamarnos hijos de la libertad. La batalla que se avecina no es solo por un nombre o un partido; es por la existencia misma de Colombia como Estado soberano. El destino está en nuestras manos: o somos la generación que defendió su tierra, o la que permitió que la dignidad nacional fuera subastada al mejor postor.
La libertad no se negocia, se defiende.