El deleite del alma es que tu soledad contigo mismo sea tu verdadero placer;
pues quien no encuentra compañía en sí mismo, no la encuentra en nada más.
Rumi
Poco a poco el universo te muestra quién es cada persona en realidad.
A veces eso viene acompañado de una soledad tranquila que no duele tanto como parece. Es una pausa que cuida de ti. Y sin darte cuenta, quienes no están hechos para tu vida se van alejando solos.
Es la vida quitando lo que no te hace bien para dejar espacio a lo que sí.
Por eso, incluso cuando algo se va o cambia, intenta mirar con calma y buscar el bien que hay para ti en todo lo que ocurre.
madurar es volver a conectar con la chica rara de 14 años que llevás dentro, que sabía exactamente quién era antes de que el mundo intentara convencerla de lo contrario
A veces pienso que el mundo se acostumbró demasiado pronto a que las mujeres pudieran con todo.
A que fueran fuertes.
A que entendieran.
A que sostuvieran.
A que siguieran adelante incluso cuando nadie se preguntaba cómo estaban ellas.
Durante mucho tiempo se esperó de una mujer que cuidara de todos…
y que, si podía, también de sí misma, pero sin molestar demasiado.
Que fuera paciente.
Que fuera comprensiva.
Que fuera generosa.
Pero también que no levantara demasiado la voz.
Y aun así, incluso con todo ese peso, las mujeres han seguido sosteniendo el mundo de formas que casi nunca aparecen en los libros.
Hay mujeres que han levantado hogares enteros sin que nadie las llamara valientes.
Han criado hijos.
Han acompañado despedidas.
Han curado silencios.
Han seguido caminando con el corazón cansado.
Y aun así han seguido dejando luz.
Porque una mujer no es solo la ternura con la que a veces se la nombra.
Una mujer también es inteligencia.
Es intuición.
Es dignidad.
Es esa fuerza tranquila que no necesita hacer ruido para cambiar las cosas.
Por eso el Día de la Mujer no debería ser solo una felicitación.
Debería ser también un reconocimiento a todas las veces que una mujer tuvo que demostrar el doble para que la tomaran en serio.
A todas las veces que tuvo que explicarse.
A todas las veces que tuvo que hacerse pequeña para no incomodar a nadie.
Y también a todas las veces que decidió no hacerlo más.
Porque cada vez que una mujer se respeta, se levanta, se nombra y deja de encogerse para caber en lo que otros esperan de ella…
algo en el mundo cambia.
Quizá no haga ruido.
Pero cambia.
Porque cuando una mujer deja de dudar de su propio valor, el mundo entero empieza a recolocarse.
Metáfora simbólica: el amor más allá del tiempo
Ella dijo: “Dime algo bonito”
Él le dijo: (∂ + m) ψ = 0
Esta es la ecuación de Dirac, y es la más bonita de toda la física.
Describe el fenómeno del entrelazamiento cuántico, que afirma que "si dos sistemas interaccionan entre ellos durante cierto periodo de tiempo y luego se separan, podemos describirlos como dos sistemas distintos, pero de una forma sutil se vuelven un sistema único.
Lo que le ocurre a uno sigue afectando al otro, incluso a distancia de kilómetros o años luz".
Esto es el entrelazamiento cuántico o conexión cuántica.
Dos partículas que, en algún momento estuvieron unidas, siguen estando de algún modo relacionadas.
No importa la distancia entre ambas, aunque se hallen en extremos opuestos del Universo.
La conexión entre ellas es instantánea.
Es lo mismo que ocurre entre dos personas cuando les une un vínculo que solo los seres vivos pueden experimentar.
Es el modo en que funciona esta relación a la que llamamos AMOR....
EL ANTES VS EL AHORA
Antes la vida iba con menos control remoto. Quedabas “a las seis en la fuente” y eso era un contrato verbal sagrado. No había “te mando ubicación”, “llego en 7 min”, “estoy aparcando” cuando todavía estás en casa con el abrigo puesto. Si alguien no venía, te comías la espera mirando el reloj como si fueras guardia suizo… y luego te ibas con dignidad y una frase mítica: “me dejó plantado”. Ahora es peor: no te dejan plantado en una plaza, te dejan plantado en el chat, que es como que te ignoren pero con recibo de lectura. El “visto” es el nuevo “paso de ti”, pero con tecnología y depresión.
Antes, si querías saber algo y nadie lo sabía, se decía: “ni idea”. Y no pasaba nada. El mundo seguía girando igual. Hoy, si no sabes el nombre de un actor secundario, tu cerebro entra en modo “no puedo vivir así” y te ves a las tres de la mañana investigando como un detective: pestañas abiertas, anuncios, foros, un vídeo de “10 curiosidades del reparto”… y al final lo encuentras y dices: “ya está”. ¿Te aporta algo? No. ¿Te quitó sueño? Sí. ¿Lo recordarás mañana? Tampoco. Pero oye, la ansiedad va servida.
Antes elegir una peli era fácil: había lo que había. Videoclub, carátulas, “esta no, esta ya la vi”, y te llevabas la que quedaba. Y lo vivías. Ahora tienes 400 plataformas, 12.000 opciones y tardas 40 minutos en decidir para acabar viendo lo mismo otra vez, porque el exceso de elección no te da libertad: te da parálisis. Y encima la tele te pregunta “¿sigues ahí?”. ¡Claro que sigo! Si no me he movido en una hora, pero por estrés, no por relax.
Antes la música se “cazaba”. Grababas de la radio y te quedaba el locutor encima: “¡Y ahora…!” y tú: “¡Cállate!” Pero esa cinta era tu tesoro. Ahora tienes toda la música del planeta y te pasas la vida saltando canciones porque “no es mi mood”. ¿Qué mood? ¡Si estás doblando calcetines! Antes doblabas con lo que sonara y ya. Ahora necesitas una playlist llamada “doblar ropa pero con autoestima”.
Antes hacías pocas fotos y eran recuerdos de verdad. Se revelaban, se guardaban, se miraban. Hoy haces 200 fotos en una tarde, las editas, las subes, y mañana ni te acuerdas. Las fotos ya no son memoria: son certificado de presencia. “Mirad qué bien estoy.” Y luego te sale un “recuerdo” en el móvil y te mete una puñalada emocional: “¿Te acuerdas cuando eras feliz?” Gracias, aplicación, muy terapéutica, sí.
Antes el aburrimiento era creativo. Te aburrías y te inventabas algo: salir, llamar, jugar, pensar, mirar al techo. Ahora el aburrimiento dura tres segundos: aparece y lo matas a scroll. Vídeos cortos, memes, recetas con música épica, gente bailando… y tú consumiendo estímulos como una aspiradora. Luego “no me concentro”. Normal: tu cerebro ya no camina, hace zapping.
Y ojo, no digo que antes todo fuera mejor. Antes también había historias: esperar al fontanero como si fuera una aparición, pelearte con el módem, perderte por no tener GPS… Pero había algo que sí era mejor: el ritmo humano. Había huecos, silencio, paciencia. Ahora lo tenemos todo más rápido, más cómodo, más conectado… y vivimos con prisa incluso sentados en el sofá.
La sensación es esa: antes usábamos las cosas. Ahora las cosas… nos usan a nosotros. Y a veces lo más moderno que puedes hacer es lo más antiguo: apagar el móvil un rato, quedar “en la fuente” como si fuera 1998 y recordar que, sorprendentemente, también se puede vivir sin notificaciones.
"No es quien te extraña a las 2 de la mañana cuando está solo en su cuarto y no puede dormir.
Es quien te extraña a las 3 de la tarde cuando se está riendo con sus amigos y piensa...
"Ojalá estuviera aquí".
Porque es cierto, cualquiera te puede extrañar cuando está solo y aburrido, pero cuando alguien te extraña en medio de una risa porque contigo se ríe mejor... es cosa de otro mundo."
Charles Bukowski.
Hoy no es un día para dar lecciones.
Es un día para sentarse al lado.
La depresión no siempre grita.
A veces se disfraza de “estoy bien”,
de risas que llegan tarde
y de noches que pesan demasiado.
Hay personas que no quieren morir,
solo quieren dejar de sentirse así.
Y eso también es una batalla.
Si hoy te cuesta respirar por dentro,
no te exijas ser fuerte.
Sé honesto.
Pide ayuda.
Aguanta un poco más.
Porque incluso en los días más oscuros,
seguir aquí
ya es una forma de valentía.
#Díamundialdeladepresión