Quiero informar, a traves de esta cuenta, que Luis Alberto Pistoia, mi padre, quien dirigía la misma y hacía la página de la liturgia de las horas, murió el dia 04 de enero de 2019. Por favor, les pido muchas oraciones por su eterno descanso en Cristo, nuestro amado Señor.
Volveos hacia mí para salvaros, confines de la tierra, pues yo soy Dios y no hay otro. Yo juro por mi nombre, de mi boca sale una sentencia, una palabra irrevocable: «Ante mí se doblará toda rodilla, por mí jurará toda lengua». (Is 45, 22-24)
Hijo de Dios, que nos has revelado el amor del Padre,
haz que también nuestra caridad manifieste a los hombres el amor de Dios.
¡Te adoramos, Hijo unigénito de Dios!.
Te pedimos, Dios todopoderoso, que tu Salvador, que has enviado del cielo como una luz nueva para redimir al mundo, nazca también en nuestros corazones y los renueve continuamente. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Señor, Dios nuestro, concédenos un descanso tranquilo que restaure nuestras fuerzas, desgastadas ahora por el trabajo del día; así, fortalecidos con tu ayuda, te serviremos siempre con todo nuestro cuerpo y nuestro espíritu. Por Cristo nuestro Señor.
Que nadie diga: "¿para qué voy a ir a la iglesia? Mira los que van todos los días, no practican lo que oyen. Sin embargo hacen algo: oír... así algún día podrán hacer las dos cosas: oír y practicar. Pero tú, ¿cómo vas a llegar a practicar si estás huyendo de escuchar? #SanAgustín
Dios es luz y en él no hay tiniebla alguna. Si caminamos en la luz, lo mismo que está él en la luz, entonces vivimos en comunión unos con otros; y la sangre de Jesús, su Hijo, nos purifica de todo pecado. (1Jn 1, 5b. 7)
Oh Dios, que quisiste que en el parto de la Virgen María la carne de tu Hijo no sufriera la antigua sentencia dada al género humano, concédenos, ya que por Cristo hemos entrado a participar de esta renovación de la creatura, vernos libres del contagio de la antigua condición.
Jesús, manso y humilde de corazón, tú ofreces a los que vienen a ti un yugo llevadero y una carga ligera; dígnate, pues, aceptar los deseos y las acciones de éste día; que podamos descansar en la noche para que así, renovados, perseveremos constantes en tu servicio. Tú que vives.
Concede, Señor, una fe inquebrantable a tu pueblo, que confiesa y proclama que tu Hijo único, eterno y glorioso como tú, nació de la Virgen María, tomando un cuerpo humano como el nuestro; haz que merezcamos ir un día a disfrutar del gozo que no tiene fin. Por Cristo.
Señor Dios, que has iluminado a la Iglesia con los ejemplos y las enseñanzas de san Basilio Magno y san Gregorio de Nacianzo, haz que busquemos humildemente tu verdad y que, viviendo según esta verdad, crezcamos en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Dios mostrará tu esplendor, Jerusalén, a todo lo que hay bajo el cielo. Dios te dará para siempre este nombre: «Paz de la justicia» y «Gloria de la piedad.» (Ba 5, 3-4)
Regocíjate, hija de Sión; grita de júbilo, Israel; alégrate y gózate de todo corazón, hija de Jerusalén. El Señor será el rey de Israel, en medio de ti. (So 3, 14. 15b)
Señor Dios, que por la maternidad virginal de María has dado a los hombres los tesoros de la salvación, haz que sintamos la intercesión de la Virgen Madre, de quien hemos recibido al autor de la vida, Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro. Él, que vive y reina contigo.
Dios todopoderoso y eterno, que en el nacimiento de tu Hijo nos has dado la fuente y la cumbre de toda religión, concédenos contarnos siempre en el rebaño de aquel en quien está la salvación de todo el género humano. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
Familia pobre y divina,
pobre mesa, pobre casa,
mucha unión, ninguna espina
y el ejemplo que culmina
en un amor que no pasa.
Concede, Padre, Señor,
una mesa y un hogar,
amor para trabajar,
padres a quienes querer
y una sonrisa que dar. Amén.
(Himno Laudes)
Las mujeres respeten a su marido, como si fuera el Señor. Del mismo modo, los maridos amen a su mujer como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo.
Nadie detesta su propio cuerpo, sino que lo cuida y alimenta. Así hace Cristo por la Iglesia, (Ef 5, 22, 28-29)