Taimada sonrisa ante su reacción, la Mentira profundiza el contacto de sus dedos en una peligrosa caricia sobre las caderas.
──¿Ah, sí? ¿Puedo saber cómo lograrías tal exquisitez?
¿Acaso no sueñas conmigo cuando no estoy, mhm?
——— Mordió con suavidad el labio inferior del daimōn, removiendo suavemente la cadera para crear sutiles roces entre ambos. ———
Voy a tener que hacer que me eches de menos…
──Algo me dice que los menores mortales sueñan contigo. Qué bendición──. Deslizó la lengua de forma áspera por el cerezo inferior propio antes de inclinarse y acariciar suavemente los ajenos, pellizcando sutilmente una comisura. ──Ojalá yo.
Parecido. Pero con niños, que creo que es más divertido.
——— Arqueó una de las cejas, pasando las manos de manera delicada por la espalda impropia. ———
Manos rodearon la cintura opuesta en un furtivo gesto posesivo, aprovechando la cercanía para volver a besar la frente.
── Propagando el mal, entre otros entretenimientos. ¿Y tú? ¿Alguna anécdota que compartir?
Mantuvo una ladina sonrisa ante los cortos y sinuosos movimientos de Lamia, dedicándole en el proceso una irremediable mirada de reojo.
──Te echaba de menos.
No cesó el contacto con la piel femenina, mostrando en el proceso varias expresiones que delataban el placer que sentía cuando ella sonreía.
‘’⠀ ⠀Eres preciosa, Lamia. Y no es mentira.⠀ ⠀‘’
Depositó un sonoro beso en la frente.
‘’⠀ ⠀Me gusta ser sincero contigo.⠀ ⠀‘’