🚨 MÁXIMA ALERTA EN MERLO | "VAS A TERMINAR COMO AGOSTINA": LA DESESPERADA DENUNCIA DE UNA MUJER POR ACOSO Y AMENAZAS DE MUERTE
👉 "Si me pasa algo, ya saben quién fue". Con esa contundente frase, Dara decidió romper el silencio y hacer pública la pesadilla que vive desde hace meses. La joven denuncia penal y socialmente a Agustín Tobías Santillán (26 años), a quien señala como un potencial femicida que la persigue, la hostiga digitalmente y la amenaza de muerte de forma constante, violando de manera sistemática las medidas dispuestas por la Justicia.
📹 A través de una masiva difusión en redes sociales iniciada estos últimos dias, la familia y allegados de la víctima viralizaron la identidad del agresor junto a las estremecedoras capturas de pantalla que exponen el nivel de violencia y desprotección que sufre la joven a diario.
📱 EL MODUS OPERANDI DEL HOSTIGAMIENTO
Según el crudo relato de Dara, Santillán desplegó un acoso asfixiante que destruyó por completo su tranquilidad y su rutina:
Persecución física y territorial: El acusado la vigila de forma constante. Conoce con precisión sus horarios, cuándo está sola y la espera de forma intimidante tanto en la puerta de su casa como en su propio lugar de trabajo.
Violencia y hackeo digital: Logró hackear la cuenta personal de Instagram de la víctima para controlar sus movimientos. Además, crea perfiles falsos en redes para difundir fotos íntimas que, según él, le tomó a Dara sin su consentimiento mientras ella dormía.
Acoso telefónico y financiero: Para evadir los bloqueos, el agresor compra decenas de tarjetas SIM ("mil chips") para seguir enviando mensajes. Incluso utiliza la plataforma Mercado Pago para enviarle transferencias de dinero con el único fin de hacerle llegar textos y mantener el hostigamiento.
⚖️ UNA SENTENCIA DE MUERTE ANUNCIADA: LA ALUSIÓN AL CASO AGOSTINA
La gravedad de la situación alcanzó su punto más oscuro con los mensajes directos del acusado que constan en las capturas de pantalla de la denuncia. En ellos se leen frases explícitas como "Te voy a matar y no sabes cuánto lo voy a gozar" o "Muerta te quiero".
Sin embargo, la amenaza más macabra apela directamente al terror psicológico y al aleccionamiento:
"Ni la perimetral ni el botoncito ni nada te van a salvar vas a terminar igual que esa Agostina"
Esta mención hace alusión directa al reciente e impactante femicidio de Agostina Madeleine Vega en Córdoba. El agresor utiliza el trágico destino de la adolescente para infundir un miedo paralizante en Dara, dejándole en claro que planea un desenlace idéntico para ella.
❌ LA JUSTICIA NO ACTÚA: MEDIDAS QUE NO FRENAN AL AGRESOR
El caso de Dara vuelve a poner bajo la lupa la alarmante ineficacia de las herramientas judiciales actuales frente a los violentos. La víctima ya radicó las denuncias correspondientes y cuenta con una restricción perimetral vigente y un botón antipánico, pero ninguna de estas opciones logró detener el acoso.
El propio Agustín Santillán se burla abiertamente de la ley en los chats que le envía a la víctima: "¿En serio pensás que un botoncito antipánico te va a salvar?". Ante la total desprotección institucional y el temor inminente por su vida, la familia recurrió al "escrache público" masivo para exigir que las autoridades judiciales y policiales de Merlo actúen de inmediato antes de que sea demasiado tarde.
Si hay algo que nunca entendí como nadie pide que se elimine y prohiba la venta de animales en @Mercadolibre y otras aplicaciones de compra y venta. Todos sabemos como funcionan la mayoría de criaderos
Salí de Venezuela hace 7 años ya, porque me pusieron una pistola en la cabeza a plena luz del día. 19 años tenía. Iba caminando a la universidad.
Me costó entender que eso pasó básicamente porque no había consecuencias para los criminales reales, como suele ser en las dictaduras.
Me fui aterrada y sin ganas de volver. Estaba chica y me costaba separar lo que es el gobierno vs. lo que es la patria.
Afuera lo entendí. Y me dolió muchísimo darme cuenta que amaba mi país más que a nada y que el recelo venía de que nunca quise ser una exiliada. Qué sensación tan fea lo que es el despojo y más cuando ni siquiera has terminado de formar tu identidad.
Por fortuna y bendición, migré a un país que amé profundamente desde el momento en que llegué. Me acogió, me permitió crecer, lo hice mi casa y lo sigo amando. Amo su cultura, sus costumbres y sobre todo a su gente.
Pude crecer, recorrer distintas tierras, sanar y ser feliz en ese proceso. País que visito, país del que me recorro al menos tres ciudades como queriendo entender cómo funciona desde adentro. Me voló la cabeza conocer formas de pensar tan diferentes e interesantes. Ese intercambio constante me recordaba lo que somos en Venezuela y lo que no. Nos empecé a recordar con cariño y con nostalgia.
Ya cuando sané y quise volver de visita, era demasiado tarde.
Para bien o para mal, tengo nacionalidad española y venezolana. La española me permitió moverme libremente por el globo, con la excepción de que si llegaba a pisar venezuela no podía salir.
Podía visitar cualquier país, excepto el mío. Y si lo visitaba, no podía salir, a no ser que tuviera ese pasaporte venezolano que me era imposible de conseguir por distintos motivos claramente relacionados a la dictadura.
Cuento esto como un marco para decir que la intervención de hoy, de este 3 de Enero de 2026, no la celebro a la ligera. Cuando crecí no soñaba con que USA bombardeara a mi país, te lo juro.
Pero tampoco nadie te prepara para lo que es ver a una tanqueta militar aplastando los huesos de estudiantes que solo exigían derechos humanos, poder comprar comida o tener libertad.
Nadie te prepara para estar semanas sin electricidad en un país que es ridículamente rico. Nadie te prepara para lo que es llegar con una emergencia a un hospital y ver cómo se te muere un familiar en los brazos porque no hay insumos. Nadie te prepara para lo que es tener amigos presos en el centro de tortura más grande del continente, y que ese centro de tortura casualmente esté en tu país.
Una dictadura es una dictadura. Y las salidas pacificas son una utopía.
Lo intentamos todo: votar, alzar la voz, pedir ayuda, protestar, irnos, quedarnos y hasta morir por nuestra tierra.
Nada funcionó. Y la represión no solo siguió sino que tomó fuerzas. En algún punto se sintió invencible (en psicología le decimos “Indefensión aprendida”). Por eso estamos tan contentos hoy. No creemos que lo que vengan sean rosas, pero sí nos devuelve algo de esperanzas.
No tienen que venir a preocuparse por nuestro petróleo, sabemos que tenemos las reservas más grandes del planeta. Rusa y China también lo saben bien, porque nos lo han robado en las últimas dos décadas y ahí si no hemos visto a nadie diciendo nada.
Todavía nos queda mucho. Y seré cruda con esto: tampoco somos libres (aún). Pero por primera vez en 26 años está ocurriendo algo histórico en nuestro país.
Si no eres venezolano, déjanos celebrar un poquito esta sensación de alivio y de esperanza que habíamos perdido.
Si eres venezolano y estás en Venezuela, por favor cuídate mucho. Nos necesitamos a todos a salvo.
Si eres venezolano y estás fuera, te entiendo. Te abrazo fuerte y te pido nos eduquemos sobre lo que pasa para explicarlo bien. Hará falta darle visibilidad a esto para que no se tergiverse nuestra historia.
Ya la historia no es solo el pasado, sino lo que está ocurriendo hoy. Y por eso cuento la mía.
Cuando dicen "compro al perro porque para adoptar tenes mil requisitos y los refugios bla bla"
Vas a la calle->Ves un perro muy flaco->Lo metes a tu casa->Tenes un perro