@AsereYaPing La importancia de saber inglés, que el sistema educativo de Cuba no le da prioridad a eso, ni las personas le dan importancia al poco que reciben😐
El cubano que está en la Isla, por las razones que sean, no tiene que exigirle nada al cubano del exilio, ni tiene que esperar nada de este ni asumir que ese cubano debe hacer algo por él.
El cubano del exilio no tiene que decirle al cubano de la Isla que se tire pa' la calle o que se inmole para lograr su libertad, sobre todo cuando el cubano del exilio huyó y no hizo absolutamente nada.
Incluso si el cubano del exilio hubiera protestado o salido a la calle en Cuba, eso tampoco le da derecho alguno a pedirle a otros que lo hagan. No sé cuándo c... la gente entenderá que la libertad es personal y no colectiva.
Y le recuerdo al cubano del exilio, que se ufana de la libertad de una manera bochornosa para echársela en la cara al cubano de la Isla, que mientras tengas que ayudar a la familia que quedó, al amigo que no se pudo ir, mientras tengas que mandar un paquetico, una remesa o una recarga, usted no es libre en lo absoluto. Lo puedes disfrazar y justificar de mil maneras, todas válidas, pero usted no es libre.
Podrás ayudar a tus familiares todo lo que desees, como mismo hice yo mes por mes con mi madre entre 2013 y 2020, por encima de la opinión de cualquiera y sin importarme los criterios de nadie. Pero yo no me sentí libre, seguía atado a la dictadura cubana por ese vínculo de sangre que jamás hubiera roto mientras me quedaran fuerzas para trabajar y aliento a mi madre para respirar. No hay política ni ideología, ni partido, ni influencer de pacotilla, ni oposición rosa o carmelita, ni patriota cibernético que me hubiese podido cambiar mi deseo y mi decisión de darle a mi madre un plato de comida y satisfacer sus gustos con las chucherías que siempre quiso.
Pero repito, no me sentí libre. Hoy, cuando ella ya no está, y con el dolor increíblemente personal que llevaré siempre porque no pude despedirme de ella y dejamos de vernos durante siete años, puedo decir que vivo en libertad, en tierras de libertad, pero sigo sin ser libre. Tengo todo lo que necesito para vivir diez vidas y más. Estoy realizado profesional y espiritualmente, pero no me siento libre. Estoy atado al recuerdo del país que me quitaron, del cubano envidioso que me jodió, del hijo de puta que no le importó dar una opinión mala de mí. Una parte de cada cubano, siempre, sin importar cuándo ni cómo, dentro o fuera de la Isla, quedará presa y encerrada.
Cuando vea cuánta comida se bota, pienso en mi hambre de Cuba. Cuando veo cómo estos chicos destruyen o malgastan cosas, pienso en mi escasez de Cuba. Cuando veo a la gente en otros lugares viajando todo el tiempo, pienso en que conocí Varadero gracias a una delegación norteamericana y no como resultado del esfuerzo y del sacrificio de mis padres en su trabajo. Cuando la guagua no se atrasa, cuando monto un tren limpio, cuando voy al mercado sin hacer cola, cuando me como todo lo que desee sin restricciones, cuando me percato de tanta ropa comprada que ni uso, cuando navego por Internet como si estuviera encima de un cohete, cuando mi salario me alcanza, cuando no tengo que gritar una consigna vacía, cuando en mi barrio no hay vecinos gritones ni música estridente, cuando puedo ahorrar y salir todos los fines de semana... pienso en Cuba, de la peor manera posible, y eso, aunque ría todo el tiempo, aunque ame y me sienta amado, aunque la vida me permita metas nuevas, no me dejará ser completamente libre.
Madurar es también dejar de ser un poco idiota, altanero o autosuficiente. Si estás en Cuba, tus razones tendrás. Si estás en el exilio, igual. Ni tú eres mejor que yo ni yo soy mejor que tú. Ni yo luché mi libertad por ti ni tú tienes que hacerle caso al que te diga que salgas con el apagón. Podemos ser hermanos, pero podemos estar faja'os todo el tiempo y discutir por cualquier cosa, como hacen los hermanos de sangre. Al final del día, la noche es más negra por las luces que se fueron para brillar en otro lado y por las que se quedaron para apagarse sin quererlo.
La dictadura es una. Está en La Habana. Ni Trump es responsable de ella, ni tú tampoco, a menos que seas cómplice y estés embarrado de sangre y envidia. Yo huí, después de aguantar. Yo escapé, después de sufrir. Yo me fui porque no hay nada más importante que la vida, y esa, cada persona debe saberlo, es IN-DI-VI-DUAL.
Puedes aprender a bailar a los 28, comenzar una nueva carrera a los 37, aprender a tocar un instrumento a los 42, iniciar un proyecto propio a los 50, mudarte a otra ciudad a los 60 o viajar en solitario a los 75. La vida no se detiene y siempre puedes reinventarte.
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