Debrah Rocket Worsley no podía evitar pararse ante los escombros de los edificios en ruinas. Como si tuviera que rendir honores a todas las casas en las que ya nunca entraría. También había algo en lo que se reconocía. A veces todo. Según el día.
Emiliano Baas disfrutaba enormemente atravesando el desierto de Sonora en su camión de cuatro ejes, del que a veces sacaba la motocicleta estática y practicaba pequeñas acrobacias que sabía que algún día llegaría a dominar, para el deleite de un público que estaba aún por llegar.
Himari Koizumi solo trabaja los lunes. Imparte cursos intensivos y gratuitos para parar. A primera hora de la mañana se reúnen, despliegan un mapa de la ciudad, cada persona elige un parque y, una vez allí, para, está, respira, observa y, cuando algo interrumpe, vuelve a empezar.
Cuando la alcaldesa de La Vista, Nebraska, regresó de pasar unos días libres en un pueblo costero de California, decidió poner en marcha lo que había visto, para atraer a turistas. En un parking a la afueras, construyó unas vacaciones de mentira, demasiado caras para cualquiera.
Cuando la alcaldesa de La Vista, Nebraska, regresó de pasar unos días libres en un pueblo costero de California, decidió poner en marcha lo que había visto, para atraer a turistas. En un parking a la afueras, construyó unas vacaciones de mentira, demasiado caras para cualquiera.
Pétula Bacará, la mediana en una familia numerosa, vivió evitando destacar, ser el centro de atención, pero aún así lo era. Todos se fijaban en ella, parecían recordar su nombre y su cara entre los de una multitud, y todos tenían siempre algo que decir sobre cómo tenía que vivir.
Todo el mundo sabía que solo quedaban tres baldosas del suelo de la plaza de San Marcos sin pisar, pero nadie sabía cuáles eran. El caso es que tampoco se atrevían a recorrerla de punta a punta, por miedo a acabar con una suerte que, buena o mala, mejor dejarla estar.
Forzarte a darle mil vueltas a todo, a medirte sin parar, hacerte la vida imposible para luego, por comparación, sentirte un poco a gusto, solo un minuto, entre gente que tanto conoces y tan poco te importa, vestida de la misma tarta que tú, celebrando la boda de tu hija mayor.