Recuerdo ese día que la vi, me invitaron de cortesia al estreno en Caracas. Ibamos un grupo grande, al finalizar la película salí corriendo de la sala de cine, sin despedirme, a las afuera estaba un hijo de un militar que entraría a la segunda función, me gritó, me le acerqué y le dije, “después hablamos, sigo pendiente de tu papá, no estoy bien” vio mi cara y comprendió, apenas alcanzamos darnos la mano, seguí, agarré mi moto, me puse el casco, grité y lloré desgarradamente mientras manejaba, era un dolor incesante, como que me despertaba el dolor de una herida. No paraba, era un vacio muy grande. Me ardía el pecho.
No es una película cualquiera, es el testimonio vivo de lo que nos pasó, en ese momento estaba en Caracas, ahorita estoy atravesando lo que me falta de la historia, estar fuera, porque el chavismo no te da tregua cuando no te le arrodillas, te obliga a tomar una decisión, preso, muerto o en el exilio. Apenas pude salir, mientras había tenido unas tres ocasiones de haberme safado de sus esbirros.
Nos toca hacer memoria, para recordarle a los colaboradores y normalizadores, el gran daño que hacen al seguir postrados ante un régimen como este.
Cuando de cosas medicas se trata, me da por querer estar en mi casa en barqui y que mis nonnos me consientan, porque soy adulto responsable pero llorón.