@NaturgyMx 10 días tratando de resolver un problema de suministro en el que me metieron ustedes por sus procesos deficientes. Tengo citas confirmadas con su gente TODOS los días de la semana y en su sistema no hay ninguna. Su proceso de contratación es poco menos que tortura.
La psicología evolucionista no implica un determinismo ciego
Este artículo de opinión defiende que la psicología evolucionista no se centra solo en universales humanos, sino que integra la variabilidad individual mediante la calibración adaptativa de mecanismos psicológicos universales según el entorno (pasado y presente). Critica la percepción errónea de que el enfoque adaptacionista ignora las diferencias individuales y enfatiza cómo el entorno calibra las respuestas para maximizar el éxito reproductivo.
Como ejemplos claros de esa flexibilidad, el artículo habla de varias cosas pero me voy a quedar con dos: los celos sexuales y la inversión parental.
Los celos son una emoción compleja que, desde la perspectiva evolutiva, funciona como un mecanismo de defensa adaptativo para proteger las relaciones de pareja que suponen una lata inversión y que son esenciales para nosotros (monogamia o inversión prolongada en la pareja y descendencia).
En los hombres, la activación fuerte ante la infidelidad sexual responde a la incertidumbre de paternidad: históricamente, invertir en un hijo que no es tuyo era un coste enorme. En las mujeres, los celos se disparan más con la infidelidad emocional, porque el riesgo es perder el apoyo, recursos y protección del compañero para ella y sus hijos. Estudios clásicos como los de David Buss lo confirman con diferencias consistentes entre sexos. Pero aquí viene lo interesante: no todos sentimos los celos igual. El mecanismo se calibra según tu historia personal (¿te han traicionado antes?), el valor relativo de tu pareja en el “mercado” y hasta el ratio de hombres y mujeres en tu entorno. En el mundo actual, las redes sociales generan un desajuste evolutivo (mismatch): ver miles de perfiles perfectos infla la percepción de alternativas y puede disparar celos innecesarios o ansiedad.
El segundo gran ejemplo es la inversión parental, concepto clave de Robert Trivers (1972): cualquier esfuerzo (tiempo, energía, recursos) que dedicas a un hijo aumenta sus chances de sobrevivir y reproducirse… pero a costa de lo que puedes dar a otros hijos o a ti mismo. Los padres no invierten igual en todos ya que priorizan según pistas ambientales como la salud del niño, los recursos disponibles y su propio futuro reproductivo. Daly y Wilson mostraron con datos reales que el riesgo de maltrato o infanticidio sube en hijastros, niños con bajo “valor reproductivo”, familias pobres o madres muy jóvenes. Y hay interacciones inteligentes como que cuando hay abundancia, se invierte más en los más vulnerables y cuando escasean recursos, se prioriza a los que tienen más probabilidades de éxito.
En resumen, la psicología evolucionista actual no pinta a los humanos como robots programados, sino como sistemas flexibles que ajustan mecanismos universales (celos, inversión parental…) según las cartas que reparte la vida.
“Sentir resentimiento hacia la pareja romántica de vez en cuando es una parte inevitable de las relaciones a largo plazo. Ya sea por temas de dinero, crianza de los hijos, tareas del hogar, sexo, afecto o compromiso, las relaciones íntimas ofrecen innumerables oportunidades para sentir que uno está dando más de lo que recibe. En las relaciones sanas, esos sentimientos suelen desvanecerse mediante conversaciones honestas, la voluntad de entender la perspectiva del otro o simplemente con el paso del tiempo.
La mayoría de nosotros, aunque no nos demos cuenta, llevamos un registro mental informal de lo que damos y lo que recibimos. No se trata de una contabilidad objetiva -nuestras percepciones de justicia importan más que el balance real-, pero sentirnos sistemáticamente perjudicados puede erosionar lentamente incluso una relación fuerte.
Los psicólogos han descubierto desde hace tiempo que las personas son más felices en sus relaciones cuando perciben el intercambio como justo, no necesariamente igualitario, sino equitativo teniendo en cuenta las circunstancias, capacidades y contribuciones de cada uno. En otras palabras, el resentimiento tiene menos que ver con que cada tarea se divida al 50% que con el hecho de que ambos sientan que la relación es fundamentalmente justa.”
Moralidad Estratégica: Las personas usan la moral como herramienta para defender sus intereses personales, pero lo hacen enmarcándolo siempre como principios cooperativos universales (y a menudo se lo creen).
La moral va de someter los intereses y egoísmo individuales al bien común. La teoría mas aceptada actualmente es que la moral es un instrumento para la cooperación. Según esta visión, cuando juzgamos algo como moral o inmoral, lo hacemos porque percibimos que afecta la cooperación social. Sin embargo, las personas usan los principios morales cooperativos al servicio de su propio interés y a eso los autores lo llaman “moralidad estratégica”. Muchas veces las personas no siempre son conscientes de este uso estratégico. Experimentan genuinamente sus posiciones como principios morales -es decir, lo visten todo de cooperacion-, pero estas posiciones están calibradas (a menudo de forma implícita) según lo que les conviene egoístamente.
Según su modelo, las personas perciben de forma implícita qué posturas morales les benefician o les perjudican según sus circunstancias vitales (lo que denominan “oportunidades morales”). Por ejemplo, una persona con una estrategia de vida orientada a relaciones estables tenderá a ver con peores ojos el aborto o las relaciones sexuales casuales, mientras que alguien con una estrategia más orientada al corto plazo puede percibir estas mismas cuestiones de otra manera.
Un aspecto importante es que las personas rara vez justifican sus posiciones apelando abiertamente a su interés propio. En su lugar, “visten” sus opiniones con argumentos de principios generales y cooperativos. Un ejemplo claro es el debate sobre el aborto. Por ejemplo, alguien que se opone principalmente porque considera que facilita el sexo sin consecuencias puede terminar justificando su postura diciendo que “un feto es un ser humano y terminar su vida es un asesinato”. Aunque la primera motivación sea más cercana a su interés real, la segunda resulta mucho más efectiva socialmente.
Los autores también señalan que existe un límite a esta estrategia: no se puede defender cualquier posición por muy interesada que sea. Para que una postura sea tomada en serio como moral, debe poder justificarse de forma mínimamente plausible dentro de la gramática cooperativa. Si no es posible, la posición se percibe rápidamente como puro egoísmo y pierde credibilidad.
El artículo revisa evidencia de este patrón en varios ámbitos, como las actitudes morales relacionadas con el sexo y las relaciones de pareja, las opiniones sobre redistribución económica, o la forma en que juzgamos el carácter moral de otras personas según nos convenga o no tenerlas como aliados.
Finalmente, los autores defienden que la moralidad estratégica no compite con las teorías que destacan la función cooperativa de la moral, sino que las complementa. La moralidad puede cumplir una función social cooperativa importante y, al mismo tiempo, ser utilizada de forma estratégica por los individuos. Entenderla desde estas dos perspectivas permite explicar mejor por qué las personas discrepan tanto en cuestiones morales y por qué sus posiciones suelen ajustarse, en mayor o menor medida, a lo que les conviene según su situación vital.
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"Una pregunta que me hacen con frecuencia es: ¿Es peor cuando una mujer engaña? Sí, los datos sugieren que es un peor predictor de reconciliación cuando la mujer es quien tiene una aventura. Nuestros hallazgos muestran que, cuando las mujeres tienen affairs:
Sienten menos arrepentimiento que los hombres,
Se enamoran más de su amante,
Se desconectan emocionalmente más de su pareja original,
Se reconcilian con su pareja original a tasas más bajas,
Y tienen menos ganas de reconciliarse."
Aunque vivimos en una sociedad científica y racional, tanto niños modernos como adultos educados siguen creyendo, bajo ciertas condiciones, que los poderes mágicos funcionan en la vida real (no solo en la imaginación o en cuentos).
El autor del artículo revisa mucha evidencia experimental y concluye que el pensamiento mágico no es solo un “atavismo” (un residuo primitivo que deberíamos haber superado), sino que parece ser una parte básica y persistente de cómo funciona la mente humana.
El objetivo de este estudio era comprobar si el dinero influye de forma muy distinta en la atracción entre hombres y mujeres. Concretamente, los investigadores querían verificar si las mujeres son mucho más sensibles al salario de un hombre de lo que los hombres lo son al salario de una mujer, tal como predice la teoría evolutiva.
Para hacerlo, utilizaron fotos reales de cuerpos (obtenidas con un escáner médico llamado DEXA) de 21 mujeres y 15 hombres que variaban en cantidad de grasa y forma física. Mostraron estas fotos a cientos de personas de China, Europa y Estados Unidos. En una primera ronda, los participantes solo veían las fotos y las ordenaban de más atractiva a menos atractiva. En una segunda ronda (días o semanas después), veían exactamente las mismas fotos, pero ahora con un salario anual escrito debajo. Ese salario se asignaba al azar, sin relación con el aspecto de la persona. De esta manera pudieron medir cuánto cambiaba el atractivo de cada persona solo por añadir la información económica.
Los resultados fueron claros: las mujeres son muchísimo más sensibles al salario cuando evalúan a los hombres. Multiplicar por 10 el sueldo de un hombre (por ejemplo, pasar de 30.000 € a 300.000 €) mejoraba notablemente su atractivo. En cambio, el mismo aumento de salario apenas tenía efecto en la valoración de las mujeres. En total, las mujeres resultaron ser aproximadamente 1000 veces más sensibles al nivel económico que los hombres. Este patrón se repitió de forma similar en los tres países y no dependía del peso ni de la edad de las mujeres que hacían las valoraciones.
En resumen, el estudio confirma que las mujeres valoran más los recursos económicos en una pareja, mientras que los hombres dan más importancia a las señales de salud y fertilidad. Esto explica por qué las mujeres invierten más en cuidar su aspecto físico (dietas, cosméticos, cirugías), y por qué los hombres tienden más a mostrar estatus a través de coches caros, relojes, regalos o gastos llamativos. También sugiere que para un hombre es más difícil resultar atractivo si adopta un estilo de vida de bajo consumo, porque puede interpretarse como bajo estatus.
Los que creéis en el libre albedrío soléis usar el argumento de que tomamos decisiones y que incluso deliberamos antes de tomarlas como prueba incontrovertible. Pero una cosa es tomar decisiones y otra cosa es que la voluntad sea libre cuando las toma, es decir que no obedezca a causas o razones previas.
Aquí os pongo unos ejemplos -que me ha pasado amablemente @BioTay - de animales tomando decisiones e incluso deliberando y dudando. Siguiendo el argumento anterior, habrá que convenir en que los animales tienen libre albedrío.
Gatos decidiendo rutas
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Monos intercambiando objetos robados
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Desplazamientos estratégicos de monos entre árboles
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Ratas que saben conducir preparando las rutas y llevándolas a cabo
https://t.co/5yr50hKJsv
Gatos eligiendo el mejor lugar para sorprender a alguien sin que éste se lo vea venir
https://t.co/Jw0qg9HRvE
Un estudio de 2020 analizó si ciertos rasgos de personalidad de las personas hacen más o menos probable que su pareja les sea infiel. Los investigadores usaron una muestra representativa de más de 1.500 adultos estadounidenses y se centraron en los cinco grandes rasgos de personalidad (Big Five).
Los resultados mostraron que tres rasgos no tenían ninguna relación con sufrir infidelidad: la extraversión, la apertura a la experiencia y el neuroticismo. Sin embargo, los otros dos rasgos sí influyeron, pero en direcciones opuestas.
Las personas responsables (Conscientious) -es decir, las que son organizadas, responsables, trabajadoras y detallistas- tienen muchas menos probabilidades de que su pareja les sea infiel. Por cada punto que sube este rasgo, las probabilidades de sufrir una infidelidad bajan un 53 %. Parece que estas personas invierten más esfuerzo en la relación, resuelven problemas a tiempo y mantienen una mejor vida sexual, lo que hace que su pareja tenga menos motivos o oportunidades para engañar.
Por el contrario, las personas amables (agreeable) -las que son muy cariñosas, comprensivas y preocupadas por el bienestar de los demás- tienen más probabilidades de que su pareja les sea infiel. Por cada punto que sube este rasgo, las probabilidades de infidelidad se multiplican casi por tres.
El artículo propone varias explicaciones posibles: quizás las personas muy amables son dadas por seguras, o sus parejas creen que todo se les perdonará fácilmente. Otra posibilidad es que las personas amables sean más propensas a perdonar una infidelidad y a seguir en la relación para mantener la paz, proteger a los hijos o preservar la vida en común. Por eso, cuando se pregunta “¿te han sido infiel?”, ellas responden “sí” con más frecuencia, aunque no necesariamente sufran más engaños.
El autor aclara que estos resultados no significan que la víctima tenga la culpa de la infidelidad. Simplemente sugieren que la personalidad puede influir en el tipo de relación que se construye y en cómo se manejan los problemas cuando surgen.
En resumen, puntuar alto en Responsabilidad parece proteger contra la infidelidad de la pareja, mientras que puntuar alto en Amabilidad parece aumentar el riesgo (o al menos la probabilidad de quedarse en la relación después de una infidelidad).
Más de cuatro años después de la primera, acaba de salir la séptima edición de Los Peligros de la Moralidad. Muy agradecido porque indica que el libro se sigue leyendo, recomendando y comprando. ¡¡Gracias a todos!!
Un estudio reciente muestra que las personas que se impresionan mucho con frases corporativas grandiosas pero vacías (como “sinergizar paradigmas” o “potenciar la coherencia adaptativa”) suelen tener peor capacidad para pensar con claridad, resolver problemas lógicos y tomar decisiones prácticas en el trabajo. El investigador creó una prueba que mide cuánto se traga la gente ese tipo de lenguaje confuso y lo comparó con tests de inteligencia y rendimiento laboral. Resultó que quienes más aplauden esas palabras huecas ven a sus jefes como más inspiradores y se sienten más motivados en la empresa, pero en realidad puntúan peor en habilidades analíticas y son más propensos a repetir el mismo estilo de hablar. Esto crea un ciclo negativo donde la “paja corporativa” (perdón, pero creo que es una traducción bastante acertada aunque igual muy libre de corporative bullshit,) se extiende, hace que las empresas sean menos eficientes y puede causar problemas reales de reputación o dinero. La conclusión sería que cuanto más te dejas impresionar por palabras bonitas que no dicen nada concreto, menos útil eres para tomar decisiones importantes.
Se admite que hombres y mujeres interpretan mal las señales de interés romántico o sexual del otro sexo. Los hombres tienen un sesgo de sobrepercepción sexual , es decir, tienden a interpretar la amabilidad o amistad de una mujer como interés sexual o romántico más a menudo de lo que realmente hay. Por contra, en las mujeres existe un sesgo de subpercepción sexual. Es decir, las mujeres tienden a interpretar el interés romántico/sexual de un hombre como mera amistad más a menudo.
Esto se explica desde la psicología evolucionista y la Teoría de Gestión de Errores (Error Management Theory) de la siguiente manera: para los hombres, el error de pensar que hay interés cuando no lo hay (falso positivo) es menos costoso evolutivamente que perder una oportunidad de reproducción (falso negativo). Para las mujeres, es al revés: mejor subestimar el interés para evitar riesgos.
Aquí comentan un estudio en adolescentes noruegos de 16-19 años para ver cuándo aparece este sesgo. Encontraron que desde los 16 años las chicas ya empiezan a subestimar y los chicos desde los 17 a sobreestimar. O sea, que estos patrones aparecerían en la adolescencia media-tardía.
https://t.co/PyO2tFvK4x
Cómo no estás para decirte que es uno de los plano-secuencia mejor ejecutados de la historia. La habrías odiado, porque los estudios de personaje eran lo mío y no lo tuyo: es de esas que te gustan dónde no pasa nada, 3 horas de nada.
Pero no estás. Y si me gustó.