Después de ser intensa, me invade el arrepentimiento, como si tuviera que disculparme por sentir tanto. Pero en el fondo, lo que más deseo es que mi intensidad no sea un error, sino algo que alguien sepa abrazar sin miedo.
Y si el mundo se acaba mañana, yo estaría llena de felicidad. No más decisiones que tomar, no más responsabilidades. Solo quedaría despedirme de este mundo que disfruté en su momento pero que ya no va a ser más.