La decadencia española es preocupante porque es transversal. La degradación nos rodea.
Y no es casualidad. La lógica del sistema, cortoplacista y demagoga, fomenta el gasto popular en detrimento del gasto necesario. Por buenas que sean, las cosas se deterioran con el uso. Sin embargo, el mantenimiento, que es un principio civilizatorio capital, se obvia desde hace años. ¿Por qué? Porque no es electoralmente rentable.
Se lleva hablando mucho tiempo del mal estado de las presas, de las carreteras, de la red eléctrica o de las vías, entre otros muchísimos ejemplos. Esto se sabía y se sabe. Pero se mira hacia otro lado. No interesa.
Aun así, hay algunos que te miran con condescendencia y te dicen: ¿De qué te quejas, desagradecido, no ves que vives en un país excepcional?
Sí, en España todavía hay cosas que funcionan, pero, a poco que uno se fija, detecta que en la mayoría de los casos el mérito no es nuestro. En el pasado se hicieron cosas bien, con planificación y pensando en el largo plazo, y hoy vivimos de esas rentas.
Ahora bien, la inercia dura lo que dura. Es cierto que en un país próspero la inercia puede prolongarse mucho (lo que, dicho sea de paso, tiene sus peligros, porque genera la falsa ilusión de que uno puede ser un completo inútil sin consecuencias palpables). España tiene una base demasiado sólida como para que una sucesión de incompetentes la hundan en cuestión de décadas. Pero no nos engañemos. La erosión avanza y avanza, y, sí, puede llegar a provocar el colapso definitivo.
Si seguimos así, y lo más probable es que incluso vayamos a peor, dentro de no mucho nos pareceremos a esos países fallidos. Estaremos rodeados de infraestructuras valiosas pero ruinosas que otra civilización superior levantó y que nosotros no supimos o no quisimos preservar.
El deterioro de infraestructuras y el freno constante a las inversiones que reducen riesgos de accidentes, incendios y riadas son consecuencias directas de políticas destinadas a engordar la burocracia y tener a la población amedrentada y cautiva.
Ana Rosa: "Fin de ciclo. El sanchismo se derrumba. Desde la deshonra absoluta, el Gobierno sigue hablando de casos aislados de personas a las que no conoce. ¡Que no nos engañen! Se trata de una corrupción sistémica. La corrupción era el mismo Gobierno".
👏🏻ENORME, Vicente Vallés: “¿Cuánto tiempo más puede resistir el Gobierno cuando es rara la semana que no se produce un escándalo a su alrededor? ¿Por qué un Gobierno tendría que empeñarse en resistir cuando las costumbres democráticas son conocidas por todos. Someterse a una cuestión de confianza o ir a elecciones cuando se está en una evidente minoría parlamentaria?”.
Toda la prensa internacional recoge el fallo del Supremo porque no se concibe en una democracia libre utilizar los medios del Estado para hacer política delinquiendo, y todo a costa de un particular.
En ese banquillo, según Sánchez, se sentaba él mismo.
Hoy el mundo sabe lo que está pasando en España.
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Si tú tuvieras 300.000€ ahorrados, ¿los invertirías en un negocio que gana 30.000€ al año?
Montar un supermercado La Sirena cuesta 300.000€. Y solo me deja 30.000€ de beneficio al año.
Cuando les hago esa pregunta, la mayoría dice que no.
Y lo entiendo.
Con esos 300.000 € podrías comprarte un piso, dormir tranquilo y no tener a nadie a tu cargo.
Pero en mi caso, por cada supermercado que abro:
Invierto 300.000 €.
Contrato a cuatro personas.
Sé que una de cada diez tiendas acabará cerrando.
Y que, de media, el 7 % de los empleados estará de baja (y seguiré pagando sus sueldos).
Cuando lo explicas así, muchos entienden el riesgo.
Hasta que multiplican los números:
30.000 € x 300 supermercados = 9 millones de euros.
Entonces te sueltan: ¿Para qué necesitas ganar tanto dinero?
Pues para poder asumir 300 inversiones de 300.000 €, gestionar 1.200 personas y resolver 300 problemas distintos cada día.
Detrás de cada euro de beneficio hay riesgo, estrés y decisiones difíciles.
Por eso, cuando alguien dice que los empresarios ganamos demasiado, yo pienso lo mismo siempre:
No tienen ni idea de lo que cuesta mantener todo esto en pie.
Tenemos un presidente que no puede salir a la calle ni el Día de la Hispanidad. Que se parapeta tras el Rey para conseguir que lo abucheen menos y ni con esas. Y él se ríe mientras no paran de salirle casos de corrupción en su entorno más íntimo y el poder adquisitivo de los españoles se hunde con su gestión. Hay que echarle cuanto antes. Por el bien de nuestro querido país. Por el bien de la Hispanidad en esta guerra global. Feliz día a todos los españoles de bien. Fuimos un país grande. Volvamos a serlo sin este impresentable.