A veces el dolor no se nota por fuera, y compararnos con los demás solo hace más pesado el camino. Cada persona vive su proceso; perderse puede ocurrir poco a poco, pero también es posible volver a encontrarse.
De libro “Dunkel, el mousntruo que aprendí a nombrar” de @nereaagp_
“A ti podría decirte
que para mí
cualquier lugar
es mi casa
si eres tú
quien abre
la puerta.”
Poema: Lugar. Casa. Hogar.
Libro: Ya nadie baila
Autor: @elvirasastre#cementeriodelibros
En Finlandia, los padres enseñan a los niños una regla antes de dormir, y evita el 80 % de la ansiedad en la adolescencia más adelante en la vida.
Se llama "la hora de la preocupación", pero no es lo que imaginas.
No les dicen a los niños que dejen de preocuparse. Les enseñan cuándo y dónde pertenece la preocupación.
Así es como funciona:
Cada noche, 30 minutos antes de ir a la cama, el niño recibe un cuaderno. Durante exactamente 15 minutos, escribe todo lo que ese día le dió miedo, le estresó o quedó sin resolver.
Luego cierra el cuaderno.
Y la regla es absoluta: las preocupaciones se quedan en el cuaderno hasta la sesión del día siguiente.
Un psicólogo finlandés lo explicó así:
"No reprimimos la ansiedad. Le damos un contenedor. El cerebro del niño aprende que la preocupación tiene un tiempo y un lugar y la hora de dormir no es uno de ellos,"
A los 12 años, la mayoría de los niños ya ni siquiera necesitan el cuaderno.
Han interiorizado el límite.
El cambio ocurre porque el cerebro deja de tratar cada preocupación como una emergencia.
No es "no pienses en ello", sino “pensarás en ello, pero no ahora".
Ese pequeño retraso rompe el bucle de la ansiedad.
El niño duerme. La preocupación pierde fuerza. Y con el tiempo, la mayoría de esos miedos ni siquiera vuelven a la página.
La mayoría de los padres intentan resolver los problemas de sus hijos o les dicen "todo irá bien".
Pero la verdadera fortaleza emocional no es eliminar el miedo, es aprender que puedes sostenerlo sin dejar que te controle.
Los niños que crecen con límites alrededor de su preocupación se convierten en adultos que no entran en espiral a las 2 de la madrugada. (pico de cortisol)