Ser una chica que entrena es una locura.
Una semana estoy convencida de que estoy grande, definida y una máquina de fuerza.
La siguiente semana estoy hinchada, cansada y me siento como una papa.
Para mí nunca va a ser normal sacar a una persona de tu vida de la noche a la mañana, como si no hubiera sido nada para ti.
La verdad la sobrepienso, le lloro, me pone triste, me rompe.
Pero de donde ya no soy bienvenida, ya no me acerco...