Harta de los "No vayáis a verla", "No la recomiendo".
Parece que estuviéseis hablando de evitar que alguien se envenene en lugar de dejar que la gente vaya a ver una película y juzguen por ellos mismos si les gusta o no.
Eso no es crítica, es inducción a que piensen como tú.
@Munakuy_khuyay@carluke6 Debería importarte a ti que vienes aquí a dar la chapa a alguien que no conoces de nada. Pero tienes razón, se me pasó por alto el número de empleados de la agencia, un dato sin duda de elevada importancia para disfrutar o no del desarollo de una película de ciencia ficción.
@Munakuy_khuyay@carluke6 Lo primero, pero, ¿usted quién es? Cuando hablo de espectacularidad, trucos y artificio no me refiero únicamente a efectos. También, hago referencia a precisamente a elementos narrativos. Pero has entendido de forma simplista mi opinión, al igual que el film al parecer.
@_Alvaroramoos_ Estoy completamente de acuerdo. Es una serie colosal y tengo la intuición de que el tiempo la pondrá en su lugar. Creo también que veremos recular a mucha gente que se está dedicando a despreciarla.
Desafortunada reseña de F. Navarro. Primero, esa evidente falta de esfuerzo por usar algo de criterio e ir más allá de la corriente de hate y chorradas que se están diciendo. Después, dice que es "el peor final visto de una serie", que suerte, supongo, los habrá visto todos...😂
'Euphoria': de mal en peor. Tercera temporada desquiciante para acabar teniendo el peor final visto de una serie de televisión. Horrible. La religión como respuesta a todo. Patética moralina. El país del turbocapitalismo y vacío cultural ofreciendo a Dios como alternativa. Pufff
La tercera temporada de Euphoria destruye por completo la fantasía de glitter, neón, excesos y drogas que envolvía a sus personajes, para dejarnos frente a sus consecuencias más crudas: suciedad, violencia y muerte.
Aun con tropiezos en el guion y con algunos personajes que no recibieron el tiempo ni el desarrollo que merecían, la serie logra exponer el peso real de las decisiones tomadas a lo largo de su historia. Ya no hay estilización suficiente para ocultar el daño: todo lo que antes parecía suspendido en una estética hipnótica termina aterrizando en un mundo mucho más hostil, donde cada acto cobra factura.
Sin las barreras de seguridad que representaba el instituto, vemos a Rue enfrentarse de lleno a las consecuencias de sus actos. La decisión de tomar aquel maletín en la temporada anterior termina marcando su destino y la arrastra hacia un mundo donde las drogas ya no aparecen únicamente como adicción, sino como sistema. Rue deja de ser solo una joven consumida por su dependencia para convertirse en un engranaje más de esa maquinaria, mientras intenta buscar redención en la fe, cargando con el dolor de haber fracturado a su familia y con la pérdida de confianza de sus amistades.
Su muerte por sobredosis resulta especialmente cruel porque no ocurre como consecuencia directa de una recaída, sino como una trampa de Álamo para saldar cuentas por su traición. En este mundo no hay contemplaciones ni segundas oportunidades reales. Paradójicamente, aunque para sus amistades Rue muere bajo la sombra de la adicción, incluso estando sobria, en sus últimos momentos logra encontrar la paz que tanto había anhelado. Al menos, consigue una salida de aquel infierno.
La venganza de Alí contra Álamo por la muerte de Rue, además de disruptiva, abre una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto la esperanza es suficiente para salvar a alguien cuando el entorno entero está diseñado para destruirlo?
Mientras tanto, Cassie y Maddy continúan atrapadas en otra forma de explotación: la maquinaria del sexo convertido en producto. Sus cuerpos, deseos y vínculos siguen siendo consumidos por un sistema que las expone, las enfrenta y las desgasta, sin que ninguna de las dos logre encontrar todavía una salida clara.
En conjunto, Euphoria se consolida como una serie de época: una obra que no solo catapultó a Zendaya, Sydney Sweeney y Jacob Elordi al estrellato, sino que también dejó una huella estética y moral. Su legado ya no reside únicamente en el apartado visual, sino en su capacidad para formular preguntas incómodas sobre la juventud, el deseo, la adicción, la explotación y una sociedad que muchas veces convierte el dolor en espectáculo o es indiferente a él.
La tercera temporada de Euphoria destruye por completo la fantasía de glitter, neón, excesos y drogas que envolvía a sus personajes, para dejarnos frente a sus consecuencias más crudas: suciedad, violencia y muerte.
Aun con tropiezos en el guion y con algunos personajes que no recibieron el tiempo ni el desarrollo que merecían, la serie logra exponer el peso real de las decisiones tomadas a lo largo de su historia. Ya no hay estilización suficiente para ocultar el daño: todo lo que antes parecía suspendido en una estética hipnótica termina aterrizando en un mundo mucho más hostil, donde cada acto cobra factura.
Sin las barreras de seguridad que representaba el instituto, vemos a Rue enfrentarse de lleno a las consecuencias de sus actos. La decisión de tomar aquel maletín en la temporada anterior termina marcando su destino y la arrastra hacia un mundo donde las drogas ya no aparecen únicamente como adicción, sino como sistema. Rue deja de ser solo una joven consumida por su dependencia para convertirse en un engranaje más de esa maquinaria, mientras intenta buscar redención en la fe, cargando con el dolor de haber fracturado a su familia y con la pérdida de confianza de sus amistades.
Su muerte por sobredosis resulta especialmente cruel porque no ocurre como consecuencia directa de una recaída, sino como una trampa de Álamo para saldar cuentas por su traición. En este mundo no hay contemplaciones ni segundas oportunidades reales. Paradójicamente, aunque para sus amistades Rue muere bajo la sombra de la adicción, incluso estando sobria, en sus últimos momentos logra encontrar la paz que tanto había anhelado. Al menos, consigue una salida de aquel infierno.
La venganza de Alí contra Álamo por la muerte de Rue, además de disruptiva, abre una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto la esperanza es suficiente para salvar a alguien cuando el entorno entero está diseñado para destruirlo?
Mientras tanto, Cassie y Maddy continúan atrapadas en otra forma de explotación: la maquinaria del sexo convertido en producto. Sus cuerpos, deseos y vínculos siguen siendo consumidos por un sistema que las expone, las enfrenta y las desgasta, sin que ninguna de las dos logre encontrar todavía una salida clara.
En conjunto, Euphoria se consolida como una serie de época: una obra que no solo catapultó a Zendaya, Sydney Sweeney y Jacob Elordi al estrellato, sino que también dejó una huella estética y moral. Su legado ya no reside únicamente en el apartado visual, sino en su capacidad para formular preguntas incómodas sobre la juventud, el deseo, la adicción, la explotación y una sociedad que muchas veces convierte el dolor en espectáculo o es indiferente a él.
@adrianmassanet@euphoriaHBO Totalmente de acuerdo contigo en que hay que volver a ella para valorarla en su totalidad. Yo me quedo con el riesgo visual y narrativo que ha asumido Levinson. Como punto negativo, esos personajes a los que la historia no les ha dado mucho cariño, en especial Jules.
Estoy viendo por tercera vez Friday Night Lights y justo hoy he terminado la tercera temporada. Qué inmensamente buena es. Esa final de Austin siempre me deja destrozada. Si no habéis visto esta maravillosa serie, hacedlo, os cambiará la vida.